»Os rogamos, pues, que por honra y reverencia de los dioses que entonces fueron nuestros favorecedores, y por memoria de nuestros merecimientos y servicios hechos a todos los griegos, queráis ablandar vuestros corazones: y si por persuasión de los tebanos habéis determinado algo contra nosotros, lo revoquéis, no matando por agradarles a quien no debéis matar. Haciendo esto ganaréis crédito, y no caeréis en vergüenza ni deshonra por agradar a otro, porque fácil cosa será mandarnos matar; pero muy difícil después borrar la vergüenza e infamia en que incurriréis dando muerte a los que no somos vuestros enemigos, sino amigos que, forzados por pura necesidad, aceptamos la guerra; y en efecto, si libráis nuestras personas del peligro de muerte en que estamos, juzgaréis recta y santamente.

»Considerad que voluntariamente nos rendimos, que venimos humildes con las manos tendidas, y que las leyes de Grecia prohíben matar a los que así se presentan; que en todos tiempos os fuimos bienhechores y procuramos merecer todo bien de vosotros, lo cual podéis comprobar por los sepulcros que hay en nuestra tierra de vuestros ciudadanos muertos por los medos, a los que hacemos honras cada año públicamente, no así como quiera, sino con pompa y aparato solemne de vestiduras, ofreciéndoles en sacrificio primicias de todas las cosas mejores que da la tierra, como a hombres que somos de una misma patria, amigos y confederados y algunas veces compañeros de guerra, no portándoos vosotros como tales, sino juzgando rectamente, por mal consejo, nos mandáis matar.

»Recordad también que Pausanias ordenó enterrarlos en esta nuestra tierra como en tierra de amigos y aliados y si nos mandáis matar y dais nuestra tierra a los tebanos, no haréis otra cosa sino privar a vuestros mayores y progenitores de la honra que tienen, dejándolos en tierra de enemigos que los mataron. Además, pondréis en servidumbre la tierra donde los griegos conquistaron su libertad, dejaréis yermos los templos de dioses donde vuestros mayores hicieron sus votos y plegarias, mediante los cuales vencieron a los medos, y quitaréis las primeras aras y altares de los que los fundaron.

»Será ciertamente, varones lacedemonios, cosa indigna de vuestra honra y menos aún conveniente a las leyes y buenas costumbres de Grecia, a la memoria de vuestros progenitores y a nuestros servicios y merecimientos mandarnos matar sin haberos ofendido solo por el odio que otros nos tienen, siendo por el contrario más digno y conveniente perdonaros, quebrantar vuestra saña y dejaros vencer de la clemencia y misericordia, poniendo delante de vuestros ojos, no solamente los grandes males que nos haréis, sino también quiénes son aquellos a quien los hacéis, y que muchas veces tales males ocurren a los que menos los han merecido.

»Os suplicamos, pues, y pedimos por merced, según la necesidad presente lo requiere, y para ello invocamos el favor y ayuda de los dioses a quien sacrificamos en unos mismos altares, y a los de toda Grecia, accedáis a nuestros ruegos, no olvidándoos de los juramentos de vuestros padres, por honra de cuyos huesos y sepulcros, os rogamos, llamándolos en nuestra ayuda, muertos como están, para que no nos pongáis bajo la sujeción de los tebanos, ni queráis entregar vuestros grandes amigos en manos de aquellos que son crueles enemigos, recordándoos que este día en que nos vemos en extremo peligro, es aquel mismo en que hicimos tantas y tan buenas hazañas con vuestros antepasados.

»Mas porque a los hombres que se ven puestos en el extremo en que al presente nosotros estamos, les parece cosa muy dura dar fin a sus palabras, aunque por necesidad lo han de hacer, porque saben que, acabando de hablar, se les acerca más el peligro de su vida, dando fin a nuestras razones, os decimos solamente que no entregamos nuestra ciudad a los tebanos, pues esto no lo hiciéramos aunque supiéramos morir de hambre o de otra peor muerte, sino a vosotros, varones lacedemonios, confiando en vuestra fe. Por esto es justo que, si no logramos nuestra petición, nos restituyáis al estado que teníamos antes, con peligro de todo lo que nos pudiere ocurrir, y de nuevo os amonestamos no permitáis que los de Platea, que siempre fueron muy aficionados a los griegos, y que confiaron en vuestra fe, pasen de vuestra mano a la de los tebanos, sus capitales enemigos, sino que antes seáis autores de nuestra vida y salud, y pues a todos los otros griegos habéis libertado, no queráis destruir y matar solo a nosotros.»

Con esto acabaron los plateenses su razonamiento; pero los tebanos, temiendo que los lacedemonios, por su discurso, fuesen movidos a otorgarles algo de su demanda, salieron en medio pidiendo ser ellos también oídos, porque a su parecer habían dado muy larga audiencia a los plateenses para responder a la pregunta, y teniendo licencia también ellos para hablar, hicieron el razonamiento siguiente:

X.

Discurso de los tebanos contra los de Platea y muerte de estos.

«No os pidiéramos audiencia para hablar, varones lacedemonios, si estos hubieran respondido buenamente a la pregunta que les fue hecha, y no dirigieran su discurso contra nosotros, acusándonos sin culpa, excusándose fuera de propósito de lo que ninguno los acusaba; y elogiándose con demasía cuando nadie los vituperaba. Nos conviene contradecirles en parte lo que han dicho, y en parte redargüirles de falso, a fin de que no les aproveche su malicia ni nos dañe nuestra paciencia y sufrimiento; y después de oídas ambas partes juzgaréis los hechos como bien os pareciere.