Es mejor historiador de consulta para los hombres políticos que el mismo Tácito, porque presenta los actos políticos de unas naciones con otras, y Tácito no puede pintar más que los del soberano respecto de los cortesanos, y los de estos entre sí o con relación al César. Objeto de constante estudio del emperador Carlos V, llevaba este la obra de Tucídides hasta en sus campañas, como Alejandro el poema de Homero.
Fácil fue que la Historia de la guerra del Peloponeso desapareciera hasta para los griegos casi contemporáneos. Solo había un manuscrito, que cayó por fortuna en manos de un hombre capaz de apreciar su mérito: Jenofonte. Historiador también, pero de estilo mucho más sencillo, suave y elegante, pudo temer la rivalidad del enérgico Tucídides, y en su mano estuvo condenarle a eterno olvido; pero el alma de Jenofonte era incapaz de una bajeza. Se enalteció publicando una obra maestra que no podía igualar, y contentándose con ser modestamente su continuador.
GUERRA DEL PELOPONESO.
LIBRO I.
SUMARIO.
I. Refiere Tucídides que la guerra cuya historia va a narrar es la mayor de cuantas los griegos tuvieron dentro y fuera de su patria, y cuenta el origen y progreso de Grecia y las guerras que antes tuvo. — II. Causas y origen de la guerra entre corintios y corcirenses. Vencidos los primeros por mar, rehácense para continuar la guerra, y ambos beligerantes envían embajadores a los atenienses solicitando su alianza. — III. Discurso de los embajadores corcirenses al Senado de Atenas para pedirle ayuda y socorro. — IV. Discurso y respuesta de los corintios al de los corcirenses, pidiendo al Senado de Atenas que prefiera su amistad y alianza a la de los de Corcira. — V. Los atenienses se alían a los corcirenses, enviándoles socorro. Batalla naval de dudoso éxito entre corintios y corcirenses. — VI. Querellas entre atenienses y corintios, por cuya causa se reunieron todos los peloponesios en Lacedemonia para tratar de la guerra contra los atenienses. — VII. Discurso y proposición de los corintios contra los atenienses en el Senado de los lacedemonios. — VIII. Discurso de los embajadores atenienses en el Senado de los lacedemonios, defendiendo su causa. — IX. Discurso de Arquidamo, rey de los lacedemonios, disuadiendo a estos de declarar la guerra a los atenienses. — X. Discurso del éforo Estenelaidas, por el cual se determinó la guerra contra los atenienses. — XI. De como los atenienses, después de la guerra con los medos, reedificaron su ciudad, y principió su dominación en Grecia. — XII. Guerras que los atenienses tuvieron desde la de con los medos hasta la presente, así contra los bárbaros como contra los griegos, acrecentando con ellas su imperio y señorío. — XIII. Discurso y proposición de los corintios en el Senado de los lacedemonios, ante todos los confederados y aliados para persuadirlos de la necesidad de la guerra contra los atenienses. — XIV. Acordada la guerra contra los atenienses por todos los del Peloponeso, envían los lacedemonios embajadores a Atenas para tratar de algunas cosas. — XV. Temístocles, perseguido por atenienses y lacedemonios, se refugia en los dominios de Artajerjes, y allí vive hasta el fin de sus días. — XVI. Deliberan los atenienses sobre si deben aceptar la guerra u obedecer las exigencias de los lacedemonios. — XVII. Discurso y opinión de Pericles en el Senado de Atenas, conforme a la cual se da respuesta a los lacedemonios.
I.
Refiere Tucídides que la guerra cuya historia va a narrar es la mayor de cuantas los griegos tuvieron dentro y fuera de su patria, y cuenta el origen y progreso de Grecia y las guerras que antes tuvo.