»Os recordamos estas cosas, varones lacedemonios, así por vuestro interés, como por el nuestro, para que, por lo que toca a vosotros, sepáis que habréis hecho justicia condenando a estos de Platea, y por lo que a nosotros atañe, se conozca que al pedir el castigo de estos lo demandamos santa y justamente. Ni tampoco os deben mover a compasión las virtudes y glorias que les oís contar de sus antepasados, si algunas hay, pues estas deberían favorecer a los que son ofendidos; pero a los que hacen alguna mala acción, antes les deben doblar la pena, porque fueron delincuentes sin causa para ello. Ni menos les deben aprovechar sus llantos y lamentaciones miserables para que les tenga compasión, por más que imploren nuestros parientes ya difuntos y giman su soledad y desconsuelo, pues acordaos de nuestros compañeros muertos por ellos cruelmente, cuyos padres, o de muchos de ellos, murieron en la batalla de Queronea cuando os llevaban el socorro de Beocia, y los otros quedan ya viejos y desconsolados en sus casas, demandando la venganza con más justa razón que estos os piden el perdón, pues son dignos de misericordia los que contra justicia y razón sufren injurias, mal o daño; pero los que por su culpa los padecen, merecedores son de que los otros se alegren de su mal cuando los vean en miserias y desventuras, como ahora están estos plateenses, solos y desamparados por su culpa, pues por su voluntad desecharon sus amigos y aliados, los mejores que tenían, y se apartaron de ellos, ofendiéndoles antes por odio y mal querencia que por razón, sin que les injuriásemos en cosa alguna, de modo que el mayor castigo será inferior al que merecen.

»Y tampoco dicen verdad al suponer que se rindieron voluntariamente, viniendo con las manos alzadas en la batalla, sino que por pacto expreso se sometieron a vuestro juicio. Por tanto, siendo esto así, rogamos y requerimos a vosotros, varones lacedemonios, que cumpláis las leyes de Grecia que estos malamente han quebrantado, dando a nosotros, sin razón ofendidos, la justa paga y galardón merecido a los servicios que hemos hecho, sin que por las razones de estos nos sea denegado. Y dad también ejemplo a todos los griegos, de que no paráis mientes tanto en las palabras como en los hechos, porque cuando las obras son buenas no requieren muchas palabras para alabarlas; mas para paliar y dorar un mal hecho, son menester discursos artificiosos.

»Si los que tienen la autoridad de juzgar y sentenciar, como vosotros la tenéis al presente, después de recopiladas todas las dudas, conociesen sumariamente y de plano de la causa, sin más largas y dilaciones, ninguno procuraría forjar lindas frases para excusar los hechos torpes y feos.»

De esta manera hablaron los tebanos.

Cuando los jueces lacedemonios hubieron oído ambas partes, determinaron perseverar en la pregunta que habían hecho al principio a los de Platea, es a saber: si durante la guerra prestaron algún beneficio a los lacedemonios, porque les parecía que todo el tiempo anterior no se habían movido a hacer mal ninguno, según las leyes y convenciones que Pausanias hiciera con ellos después de la guerra de los medos, hasta tanto que recusaron las condiciones para ser neutrales antes que se les pusiese el cerco, y porque después que los de Platea rechazaron aquellas condiciones, los lacedemonios no quedaban ya obligados por el convenio de Pausanias. Por esta razón los de Platea merecían todo el mal que les viniese de su parte. Les llamaron ante sí, uno en pos de otro, y les preguntaron si habían hecho algún beneficio a los lacedemonios o a sus aliados en aquella guerra, y viendo que no respondían nada a esta pregunta, les mandaron salir del Senado y llevarles a otro lugar, donde todos fueron muertos, siendo de los de Platea más de doscientos, y de los atenienses, que habían venido en su ayuda, más de veinticinco; sus mujeres las llevaron cautivas. La ciudad la entregaron a los megarenses, que habían sido lanzados de ella por las discordias y parcialidades que tenían, y a los otros plateenses, que habían estado de parte de los lacedemonios, para que la habitasen todos juntos. Mas pasado el año la destruyeron y asolaron hasta los cimientos, y la reedificaron junto al templo de Juno, donde hicieron un albergue de doscientos pies de largo por todas partes, con todos sus aposentos arriba y abajo, y le adornaron con la clavazón, vigas, puertas y maderas de las casas que habían derribado, poniendo en él sus lechos y dormitorios, y dedicándole a la diosa Juno. Además le hicieron otro templo nuevo de piedra labrada, que tenía cien pies de largo. Todas las tierras del término de la ciudad de Platea las arrendaron por diez años para que las labrasen y cultivasen, parte de ellas a los tebanos, y la mayor parte a los lacedemonios, los cuales las tomaron por agradar a los tebanos, pues, a causa de ellos, habían sido contrarios de los plateenses, y también porque pensaban que los mismos tebanos les podían aprovechar mucho en la guerra contra los atenienses.

Este fin tuvo la empresa y cerco de Platea, noventa y tres años después que los plateenses hicieron confederación y alianza con los atenienses.

XI.

Victoria naval que los peloponesios alcanzan contra los atenienses y corcirenses por las discordias que los últimos tenían entre sí.

Entretanto las cuarenta naves que los peloponesios habían enviado en socorro a los de la isla de Lesbos, al saber que la armada de los atenienses venía contra ellos, quisieron retirarse a toda prisa, y los vientos les llevaron a la isla de Creta. No pudiendo seguir su rumbo, fueron a dar a la costa del Peloponeso, donde se encontraron con trece barcos de los leucadios y de los ambraciotes junto al puerto de Cilene, de los que era capitán Brásidas, hijo de Télide, y por consejero tenía a Álcidas, el cual a la sazón llegó allí porque los lacedemonios, viendo que habían errado el tiro en la empresa de Lesbos, determinaron reparar y rehacer su armada y enviarla a Corcira.

Sabiendo que había divisiones en la ciudad y que los atenienses solo tenían doce naves en aquella parte surtas en el puerto de Naupacto, mandaron a Brásidas y Álcidas que se apoderasen de Corcira antes que pudiese ser socorrida por los atenienses, y esperaban buen éxito por la discordia que había entre los corcirenses.