«Los lacedemonios serán compañeros y aliados de los atenienses por cincuenta años en esta forma.
»Si algunos enemigos entraren en tierra de los lacedemonios para hacerles daño, los atenienses ayudarán a estos con todo su poder en todo y por todo lo que pudieren, y si los tales enemigos asolaran su tierra, serán tenidos por enemigos comunes de atenienses y lacedemonios, y les harán la guerra juntamente, o la dejarán pactando la paz de consuno.
»Todas las cosas arriba dichas se harán bien y debidamente sin fraude ni engaño: y lo mismo harán los lacedemonios con los atenienses, si algunos extraños entraran en su tierra.
»Si los hilotas o siervos de los lacedemonios se levantaran contra ellos, los atenienses estarán obligados a ayudarles con todo su poder.
»Esta alianza será otorgada y jurada por las mismas personas que juraron la paz de ambas partes, y se había de renovar todos los años el juramento como el de la paz escrita, y esculpir el tratado en dos piedras que se pusieran una en la ciudad de Esparta, junto al templo de Apolo en el Amicleo, y la otra en la de Atenas, junto al templo de Minerva. Además fue acordado, que si durante esta alianza pareciese bien a ambas partes añadir o quitar o mudar cosa alguna, lo pudieran hacer por común acuerdo.
»Esta alianza la juraron de parte de los lacedemonios Plistoanacte, Agis, Plístolas, Damageto, Quiónide, Metágenes, Acanto, Daito, Iscágoras, Filocáridas, Zéuxidas, Antipo, Télis, Alcínadas, Empedias, Menas, Láfilo. Y de parte de los atenienses Lampón, Istmiónico, Nicias, Laques, Eutidemo, Procles, Pitodoro, Hagnón, Mirtilo, Trasicles, Teágenes, Aristócrates, Yolcio, Timócrates, León, Lámaco y Demóstenes.»
La alianza fue hecha poco después del tratado de paz, y de entregar los atenienses los prisioneros que hicieron en la isla frente a Pilos al principio del verano, que fue el fin del décimo año, después que comenzó la guerra que escribimos.
IV.
La paz entre atenienses y peloponesios no es observada. — Corinto y otras ciudades del Peloponeso se alían con los argivos contra los lacedemonios.
Hecha esta paz entre los lacedemonios y los atenienses, después de durar la guerra diez años, como antes se ha dicho, solamente fue observada entre las ciudades que la quisieron admitir, porque los corintios y algunas otras ciudades del Peloponeso no la aceptaron y poco después se movió revuelta entre los lacedemonios y los otros confederados.
Andando el tiempo los lacedemonios fueron tenidos por sospechosos a los atenienses, principalmente por razón de algunos artículos de la alianza que no eran ejecutados como debían serlo, aunque todavía se guardaron de entrar los unos en tierra de los otros como enemigos por espacio de seis años y diez meses. Mas después se hicieron grandes daños los unos a los otros en diversas ocasiones sin romper del todo la alianza, antes la entretenían con treguas, las cuales fueron guardadas mal por espacio de diez años, y pasados estos viéronse forzados a acudir a la guerra descubierta.
Esta guerra la escribió Tucídides ordenadamente, según fue hecha de año en año, así en invierno como en verano, hasta tanto que los lacedemonios y sus aliados asolaron y destruyeron el imperio y señorío de los atenienses, tomaron los muros largos de la ciudad de Atenas y el Pireo y duró, comprendido el primero y segundo período, veintisiete años, del cual espacio de tiempo no se puede con razón quitar ni descontar el tiempo que duró el tratado de paz: porque el que para mientes en lo ocurrido, no podrá juzgar que esta paz tuviese algún efecto, visto que no fue guardada ni ejecutada por ninguna de las partes en las cosas que señaladamente fueron articuladas, contraviniendo unos y otros al tratado con la guerra hecha en Mantinea y en Epidauro y de otras muchas maneras.
También en Tracia los que habían sido aliados fueron después enemigos. Y los beocios hacían treguas de diez días solamente, por lo cual el que contara bien los diez años que duró la primera guerra, el tiempo que pasó en treguas y lo que duró la segunda guerra, hallará la cuenta de los años tal cual yo he dicho y algunos días más.
Este espacio de tiempo fue profetizado por los oráculos y respuestas de los dioses: porque me acuerdo haber oído decir a menudo públicamente a muchas personas, que aquella guerra había de durar tres novenos años. En todo este tiempo viví sano de mi cuerpo y entendimiento y procuré saber y entender todo lo que se hizo, aunque estuve en destierro durante diez años, después que fui enviado por capitán de la armada a Anfípolis. Habiendo, pues, estado presente a las cosas que se hicieron de una y otra parte en el tiempo que seguí la guerra, no tuve menos conocimiento de ellas en el que estuve desterrado en tierra del Peloponeso: antes tuve mejor ocasión de saber, entender y escribir la verdad.
Referiré, por tanto, las cuestiones y diferencias que sobrevinieron pasados los diez años: asimismo el rompimiento de las treguas, y finalmente todo lo que se hizo en esta guerra hasta su terminación.