[20] El estatero griego pesaba cuatro dracmas, y equivalía a tres pesetas y sesenta céntimos de nuestra moneda; pero no se conoce bien el valor del estatero dárico.
[21] La dracma ática valía noventa céntimos de peseta.
[22] Cuarenta y cinco céntimos de pesetas.
[23] Fin de diciembre.
[24] Dos familias sacerdotales. Los Eumólpidas descendían del tracio Eumolpo, que fundó misterios y ritos, y los Cérices de Cérix, que se consideraba hijo de Mercurio.
[25] El Senado o Consejo de los quinientos, que se llamaba también el alto Senado, nombrábanle Senado del haba, porque los miembros de este Consejo eran elegidos con habas. Los nombres de los candidatos se depositaban en una urna, y las habas negras y blancas en otra. A medida que se sacaba un nombre se sacaba también una haba, y aquel cuyo nombre salía al mismo tiempo que una haba blanca era senador.
[26] Hacía noventa y ocho años de la expulsión de Hipias, el tercer año de la sesenta y siete olimpiada, quinientos diez años antes de la era vulgar.
[27] Los atenienses, muy adictos a la democracia, eran, sin embargo, perezosos para acudir a las asambleas. Por ello, aunque la república contaba más de veinte mil ciudadanos, dice Tucídides que jamás se habían reunido en número de cinco mil. Esta indolencia favorecía a los intrigantes, llamados demagogos, agitadores del pueblo.
[28] El decreto de ostracismo o de destierro no infamaba al desterrado. Dictábase para alejar del territorio de la república a los hombres que por la fama de sus virtudes o de su talento podían perjudicar a la igualdad democrática y ejercer sobre sus conciudadanos una superioridad peligrosa. Cuando el despreciable Hipérbolo fue condenado a ostracismo, el ostracismo se envileció y cayó en desuso.
[29] Pnix, sitio próximo a la ciudadela. Después de todas las reformas hechas para embellecer a Atenas, el Pnix conservó su antigua sencillez.