»Porque si rehusamos dar ayuda a los que nos la piden, o si nos detenemos a calcular a qué nación la debemos dar o negar, nunca ganaremos mucho, sino que pondremos en peligro lo que poseemos al presente.
»Jamás debe esperar a defender sus fuerzas, el que es más poderoso cuando llega su enemigo a acometerlas, sino apercibirse antes de suerte que este tema venir. Ni tampoco está en nuestra mano poner un término a nuestro imperio o señorío, para decir que ninguno pase adelante, sino que para defenderle es necesario acometer a unos y guardarnos de ser acometidos por otros, porque si no procuramos señorear a los otros, estaremos en peligro de ser dominados. Ni menos debemos tomar el descanso y reposo de la suerte y manera que lo toman los otros, si no queremos también vivir como ellos viven.
»Considerando estas cosas, y que siguiendo esta nuestra empresa, aumentaremos nuestro estado y señorío; embarquémonos y vayamos a esta jornada siquiera por hacer perder el ánimo a los peloponesios cuando vieren que, teniéndolos en poco, determinamos pasar a Sicilia, sin querer gozar del ocio y reposo que podríamos ahora disfrutar. Porque si esta empresa nos sale bien, como es de creer, seremos señores de toda Grecia, o a lo menos para nuestro bien y el de nuestros aliados y confederados, haremos todo el mal y daño que podamos a los siracusanos.
»Cuanto más que teniendo nuestra armada en aquellas partes salva y segura, podremos quedar allí si viéremos ventaja, y si no, volvernos cuando bien nos pareciere, pues con ella somos dueños de nuestra voluntad y de todos los sicilianos.
»Las palabras de Nicias, directamente encaminadas a preferir el ocio al trabajo, y a excitar discordia entre los mancebos y los viejos, no se deben aprobar, sino antes todos de común acuerdo, a imitación de nuestros antepasados, que consultando los jóvenes con los viejos los negocios tocantes al bien de la república, aumentaron y establecieron nuestro imperio y señorío en el estado que ahora le veis, debéis por el mismo camino, y por las mismas vías y maneras, procurar aumentarlo, y pensar que la mocedad y la vejez no vale nada la una sin la otra, y que el flaco y el fuerte y el mediano, cuando todos se ponen de acuerdo, sirven y aprovechan a la república.
»Por el contrario, cuando una ciudad está ociosa se gasta y corrompe, y como todas las otras cosas envejecen con el ocio, así también sucederá a nuestra disciplina militar, si no nos ejercitamos en diversas guerras, para que la conserven las muchas experiencias: porque la ciencia de saber guardar y defender, no se aprende por palabras, sino por uso, acostumbrándose, y ejercitándose en los trabajos y en las armas.
»En conclusión, mi parecer es, que cuando una ciudad que está acostumbrada al trabajo se entrega al ocio y reposo, pronto llega a perderse y destruirse: y que entre todos los otros son más firmes y seguros los que rigen y gobiernan el estado de su república siempre de una suerte y manera, según sus leyes y costumbres antiguas, aunque no sean buenas del todo.»
Cuando Alcibíades terminó su discurso se adelantaron los embajadores de los egesteos y leontinos, y con grande instancia pidieron a los atenienses que les enviasen el socorro que les demandaban, trayéndoles a la memoria el juramento que habían hecho sus capitanes, por lo cual, el pueblo, oídas sus razones, y las persuasiones de Alcibíades, decidió poner en ejecución esta empresa de Sicilia.
Mas Nicias, viendo que no había medio de apartarle de su propósito por esta vía, pensó por otros medios estorbar la empresa, poniéndoles delante los grandes gastos y aprestos que requería, y les habló de esta manera: