»Sabemos muy bien que los que por temor o sospecha de alguna cosa son fáciles de ser persuadidos al principio con elocuentes palabras, después, cuando llegan a las obras, hacen aquello que más les conviene. Y ciertamente nosotros tenemos y conservamos nuestro imperio y señorío por temor como arriba hemos dicho, y por la misma causa y razón venimos aquí con intención de guardar y conservar a nuestros amigos en su libertad, no para someterles a nuestra dominación y servidumbre, sino para estorbar que los otros les pongan bajo la suya.

»Ninguno se debe maravillar de que vengamos con tan gruesa armada para ayudar y defender a nuestros amigos, ni menos debe alegar en consecuencia que haríamos tan grandes gastos por cosa que no nos toca en nada, sabiendo que cuanto más poderosos seáis para resistir a los siracusanos, tanto más seguro estará nuestro estado para con los peloponesios, porque tanto menos podrán recibir ellos el socorro de los siracusanos. Esta es la principal cosa en que nos puede aprovechar vuestra amistad y alianza, por la cual asimismo es justo y conveniente que los leontinos sean restituidos en sus tierras y haciendas, y no estén más tiempo sujetos como están los de Hiblea, sus deudos y parientes, y para que tengan medios de sostener la guerra en nuestro favor contra los siracusanos.

»Nosotros solos somos bastantes para mantener la guerra en Grecia contra nuestros enemigos en nuestra tierra, y los calcídeos, nuestros súbditos, por los cuales este siracusano sin razón nos calumnia diciendo que no es verosímil queramos restituir a estos leontinos su libertad, teniendo a los calcídeos en servidumbre, nos ayudarán muy bien, porque eximiéndoles de dar gente para la guerra, nos proveerán de dinero. Asimismo nos ayudarán los leontinos que habitan en tierra de Sicilia, y los demás amigos y confederados, mayormente aquellos que viven en más libertad.

»Cierto es que el varón que rige con tiranía, y la ciudad que ejerce mando y señorío, ninguna cosa tiene por mala y fuera de razón si le es provechosa, y ninguna considera suya si no la tienen segura; pero no lo es menos que conviene hacerse amigos o enemigos según la oportunidad de los tiempos y negocios, y ningún provecho nos traería al presente hacer mal a nuestros amigos, sino al contrario, mantenerlos en su fuerza y poder para que, por medio de ellos, nuestros enemigos sean más débiles. Lo podéis muy bien creer por la forma y manera de vivir que tenemos y guardamos con los otros aliados y confederados en Grecia, de quienes nos servimos según conviene más a nuestro provecho. De los de Quíos y de Metimna tomamos naves, y en lo demás les dejamos vivir en libertad y conforme a sus leyes. A algunos tratamos con más rigor haciéndoles pagar tributo, y a otros con más libertad como amigos y aliados y no como súbditos en cosa alguna, aunque sean isleños y de fácil conquista para los enemigos por estar más cercanos al Peloponeso, y por esta causa más en peligro de ser invadidos por todas partes.

»Debe creerse, pues, que lo que allí hacemos lo queramos también hacer aquí, y que por nuestro provecho deseemos fortaleceros y ayudaros para poner miedo y temor a los siracusanos que desean sujetaros, y no solamente a vosotros sino también a todos los otros sicilianos, cosa que podrán muy bien hacer por las grandes fuerzas y poder que tienen, o por la falta que vosotros tendréis de gente de guerra si nos volviéramos sin hacer nada, que es lo principal que ellos procuran. Por esta causa os hacen sospechar de nosotros, seguros de dominaros, si ahora seguís su partido, porque no tendremos después tan buenos medios para volver aquí con una armada como la de ahora, y ellos, viéndonos ausentes, se hallarán más fuertes y poderosos contra vosotros.

»Si esto que decimos no parece a alguno verdad, se demuestra claramente por la obra, pues al principio cuando nos demandasteis ayuda y socorro, no alegabais para ello otra razón sino el miedo que teníais a que si nosotros dejásemos de venir a socorreros, los siracusanos podrían venceros y sujetaros, lo cual redundaría en peligro y mucho daño nuestro.

»Sería, pues, en mi opinión, cosa injusta no querer vosotros perseverar en nuestra amistad y alianza por las mismas causas y razones que alegasteis cuando nos la pedisteis, y sospechar de nosotros solamente porque nos veis venir con tan gruesa armada para ser más fuertes y poderosos contra las fuerzas de los siracusanos.

»Ni esto sería cosa justa ni razonable, antes por lo contrario, deberíais tener mayor sospecha de ellos que de nosotros, pues sabéis muy bien que sin una amistad y alianza no podríamos estar en estas tierras seguros, y si quisiésemos ser malos y poner a nuestros amigos bajo nuestro dominio, no lo podríamos conservar en adelante, así porque la navegación es muy grande desde Grecia a Sicilia, como también porque sería cosa muy difícil poder guardar y defender las ciudades de Sicilia, que son grandes y tienen mucha gente de guerra de la costa mediterránea.

»Pero estos siracusanos no deben ser tan temidos de vosotros por el ejército que tienen cuanto por la gran abundancia de gente. Siendo vuestros vecinos y comarcanos estáis siempre en peligro, porque continuamente os acechan y buscan ocasión y oportunidad para dar sobre vosotros, según lo han demostrado contra otros muchos sicilianos, y ahora a la postre contra los leontinos.

»Con todo esto, tienen osadía y atrevimiento de aconsejaros que toméis las armas contra nosotros que hemos venido solo para estorbarles que os hagan mal y dominen toda la tierra de Sicilia. No se comprende que os tengan por tan locos y fuera de seso que queráis dar fe y crédito a sus engaños y mentiras viendo que os amonestamos lo que es vuestro bien y salud con más verdad y certidumbre.