De allí pasaron a cercar de muro la villa de Decelia, y dieron cargo a cada cual de las ciudades confederadas según su posibilidad para que hiciesen a su costa una parte del muro.
Estaba Decelia lejos de Atenas cerca de ciento veinte estadios[14], y casi otros tantos apartada de Beocia, y por esta causa, estando amurallada, y teniendo gente de guarnición dentro, podían desde ella, a su salvo, recorrer y robar las tierras bajas hasta la ciudad de Atenas.
Mientras hacían el muro de Decelia, los peloponesios que habían quedado en su tierra, enviaron socorro a Sicilia en sus naves, a saber: los lacedemonios seiscientos hombres de los más escogidos de sus hilotas o siervos y de los emancipados, al mando del espartano Écrito; los beocios trescientos, mandados por los tebanos Jenón y Nicón y el tespio Hegesandro. Estos fueron los primeros que al partir del puerto de Ténaro, en Laconia, hicieron vela y se metieron en alta mar.
Poco después los corintios enviaron quinientos hombres de guerra, así de su gente como de los arcadios, que habían tomado a sueldo, de los cuales iba por capitán el corintio Alexarco, y con ellos fueron doscientos soldados sicionios a las órdenes del sición Sargeo.
Por otra parte, los veinticinco trirremes que los corintios habían enviado el invierno anterior contra los veinte de los atenienses, que estaban en Naupacto para guardar el paso, se hallaron frente a Naupacto mientras pasaban las naves de carga que llevaban los soldados.
En este mismo principio de la primavera, a la sazón que se hacía el muro junto a Decelia, los atenienses enviaron treinta trirremes a la costa del Peloponeso al mando de Caricles, y le ordenaron que fuese a los argivos y les pidieran de su parte gente de guerra para estos trirremes, conforme al tratado de alianza.
Por otra parte, conforme a lo determinado para proveer en las cosas de Sicilia, enviaron a Demóstenes con sesenta naves de las suyas y cinco de las de Quíos, en las cuales había mil doscientos soldados atenienses, y de los isleños tantos cuantos pudieron hallar que fuesen para tomar armas. Mandaron a Demóstenes que al paso se juntase con Caricles y ambos recorriesen y robasen la costa marítima de Laconia. Con esta orden partió Demóstenes derechamente al puerto de Egina, donde esperaba las otras naves de su armada que no habían llegado aún, y también el regreso de Caricles que había ido con la misión a los argivos.
IV.
Siracusanos y atenienses libran una batalla por mar en el puerto, y por tierra, pretendiendo ambos haber alcanzado la victoria. — Encuentros que tuvieron después durante el sitio.
Mientras estas cosas pasaban en Grecia, Gilipo volvió a Siracusa con gran número de gente que reunió y sacó de las ciudades de Sicilia donde había estado.