y autorizan sus enojos?

No me miréis, Reina, airada.

Si don Juan, que es vuestro primo,

y en quien estriba el arrimo

del Rey, prenda vuestra amada,

es contra su mismo Rey,

¿qué mucho que yo lo sea,

viniendo de sangre hebrea

y profesando otra ley?

No es mi traición tan culpada: