¡Gracias a Dios que os saqué
una palabra siquiera!
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¿Y habéis dicho a vuestra dama
vuestro amor? —No me he atrevido.
—¿Luego nunca lo ha sabido?
—Como el amor todo es llama
bien lo habrá echado de ver
por los ojos lisonjeros,
que son mudos pregoneros.