Sea que fuese dotado de una imaginacion mas templada ó de un juicio mas maduro; sea que, desconfiando de lo que otros decian, se ciñeae á referir lo que él mismo observaba, cierto es que se le debe considerar como el escritor mas circunspecto de su época.
El idioma aleman, de que se valió para redactar sus apuntes, y el latin en que fueron reproducidos, no eran los mas á propósito para generalizarlos: así es que por cerca de dos siglos quedaron ignorados. Tambien contribuyó á este abandono el poco caso que hacian los españoles de sus establecimientos en paises desprovistos de minas: su explotacion fué por mucho tiempo el objeto exclusivo de la administracion de sus colónias; y tan general era el prestigio que egercian en el público estos ricos productos, que pervertió hasta el juicio de los historiadores, cuya admiracion se concentró en los conquistadores del Perú y de Méjico.
Sin embargo, ni fueron menores los riesgos, ni menos heróicos los sacrificios de los que invadieron los demas puntos de América: y para ponderar lo que costó la ocupacion del Paraguay, basta seguir á Schmidel en la rápida pero magistral ojeada que dá sobre los veinte años que pasó en el Nuevo Mundo, rodeado de pueblos indómitos y de una naturaleza salvage.
Cansado de tantos trabajos, solicitó y obtuvo licencia de volver á su patria; y escoltado por veinte indios Cários, ó Guaranís, único fruto de su larga peregrinacion en América, atravesó el Guaira, para llegar mas pronto á San Vicente, donde esperaba hallar un buque para Europa. Este camino, que no conservaba mas huellas que las de Cabeza de Vaca, sobre ser impraticable por las asperezas del terreno, era defendido por enjambres de salvages que se anidaban en sus dilatados é impenetrables bosques. Poblaciones enteras salieron á disputarle el paso, y á todas opuso una valerosa resistencia, segundado por sus fieles compañeros, que á pesar de ser indios, defendieron á un europeo. Por fin llegó al término suspirado de su viage, y tomó asiento en un buque portugues que lo llevó á Lisboa.
Encargado por el Gobernador Martinez de Irala de poner en manos del Rey un parte detallado de las principales ocurrencias de su administracion, pasó á Sevilla, en donde se hallaba á la sazon el Emperador Carlos V: y en la audiencia que le concedió aquel soberano, agregó verbalmente otras noticias á las que contenia el informe de Irala. Este documento, muy importante para la história de nuestras provincias, si no se extravió en poder del Rey, deberia hallarse en Sevilla ó Simancas, en el fárrago de papeles hacinados en sus archivos.
Libre ya Schmidel de todos sus compromisos, se embarcó para Amberes, de donde se restituyó al seno de su familia al cabo de veinte años de ausencia.
PEDRO DE ANGELIS.
Buenos Aires, 16 de Setiembre de 1836.