Estaba surto en el puerto otro capitan que iba á Méjico, y él en tierra con 150 hombres: el cual, habiendo sabido el robo de la muger, procuraba la paz entre nosotros y los de la ciudad, con que se les entregasen D. Jorge de Mendoza, la hija y la criada; y habiendo entrado el capitan Peyne y el gobernador de la isla en nuestro navio para egecutar lo pactado, D. Jorge les dijo, que aquella era su muger, y ella que su marido; y al punto se desposaron con gran dolor y tristeza del padre de la muchacha.


[CAPITULO III.]

De la navegacion desde la Palma hácia las islas Verdes ó Hespérides, que llaman tambien de Cabo Verde.

Dejó el capitan á D. Jorge en tierra con su muger, y reparado el navio como se pudo, navegamos á la isla de Santiago, sugeta al Rey de Portugal, á quien obedecen los negros: y dista de la Palma 200 leguas. Allí estuvimos cinco dias, y proveimos nuevamente nuestro navio de pan, carne, agua y otras vituallas, y cosas necesarias á los navegantes.


[CAPITULO IV.]

De la navegacion desde las islas Verdes hácia el Brasil.

Volviéronse á juntar los 14 navios de toda la armada, y empezó á navegar; y al cabo de dos meses llegó á una isla despoblada de seis leguas de ancho y largo, distante 500 leguas de Santiago,[2] en que solamente habia pájaros, pero en tanta multitud, que los matabamos á palos: estuvimos en ella tres dias. Hay en este mar peces que vuelan, ballenas y otros que se llaman Schunbhut,[3] por un gran redondel que tiene cerca de la cabeza, con que dañan mucho á los pescados con quienes pelean: es pez grande, de mucha fuerza, y que fácilmente se irrita. Tambien hay en este mar peces espadas, que tienen en el hocico un hueso á modo de cuchillo; peces sierras, que le tienen á modo de sierra, y otros de varios géneros muy grandes.