4Pilato dijo al jefe de los sacerdotes y a las multitudes, «No encuentro bases para hacer un cargo en contra de este hombre.»

5Pero ellos insistieron, diciendo, «Él perturba a la gente, enseñando por toda Judea, comenzando en Galilea y hasta este lugar.» 6Cuando Pilato escuchó Galilea mencionado, preguntó si el hombre era de Galilea. 7Cuando encontró que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en esos días.

8Cuando Herodes vio a Jesús, estaba excesivamente contento, porque había querido verlo por largo tiempo, pues había escuchado muchas cosas sobre Él. Esperaba ver algunos milagros[[200]] que Él hiciera. 9Lo cuestionaba con muchas palabras, pero Jesús no daba respuestas. 10Los jefes de los sacerdotes y los escribas se mantenían acusándolo vehementemente. 11Herodes con sus solados lo humillaron y lo ridiculizaron. Vistiéndolo con vestidos lujosos[[201]], lo enviaron de vuelta a Pilato. 12Herodes y Pilato se hicieron amigos desde ese preciso día, porque antes de eso eran enemigos el uno del otro[[202]].

13Pilato llamó a los jefes de los sacerdotes, a los mandatarios y a la gente[[203]], 14y les dijo, «Ustedes me trajeron a este hombre como a uno que corrompe a la gente, y vean, lo he examinado delante de ustedes y no he encontrado bases para hacer un cargo contra este hombre por los hechos por los que lo acusan. 15Tampoco Herodes, porque los envié con él, y vean, Él no ha hecho nada que lo haga merecedor de la muerte. 16Por lo tanto lo azotaré y lo soltaré.»

17Ocurrió que él tenía que liberarles un prisionero en la fiesta[[204]]. 18Y todos gritaron juntos, diciendo «¡Llévese a ese hombre! ¡Libérenos a Barrabás!» 19uno que había sido metido en la cárcel por cierta revuelta en la ciudad y asesinato.

20Entonces Pilato habló con ellos de nuevo, queriendo liberar a Jesús, 21pero ellos gritaron, diciendo, «¡Crucifixión! ¡Crucifícalo!»

22Él les dijo por tercera vez, «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho este hombre? No he encontrado ningún delito capital en Él. Por lo tanto lo azotaré y lo liberaré.» 23Pero ellos presionaban con voces duras, pidiendo que fuera crucificado. Sus voces y las voces de los jefes de los sacerdotes lo convencieron. 24Pilato ordenó que se hiciera lo que pedían. 25Él libero al que había sido encarcelado por insurrección y asesinato, el que la gente había pedido, pero les dio a Jesús como querían.

26Cuando lo conducían afuera, cogieron a uno, a Simón de Cirenea, que venía del campo, y cargaron sobre él la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. 27Una gran multitud de gente lo siguió, incluyendo mujeres que también lloraban y se lamentaban por Él. 28Pero Jesús, volteándose hacia ellas, les dijo, «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, pero lloren por ustedes y por sus hijos. 29Porque observen, vendrán los días en los que ellos dirán, `Benditos son las estériles, los vientres que nunca engendran, y los pechos que nunca alimentan.´ 30Entonces comenzarán a decir a las montañas, `¡Caigan sobre nosotros!´ y decir a las colinas `Cubranos.´ 31Porque si hacen estas cosas al árbol verde, ¿Qué se le hará al seco?»

32También había dos criminales que iban con Él para ser ejecutados. 33Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera lo crucificaron allí con los criminales, uno al lado derecho y el otro al izquierdo.

34Jesús dijo, «Padre perdónalos, pues no saben lo que están haciendo.»