Sus discípulos vinieron y le rogaron, diciendo, «Envíala de regreso[[131]]; pues ella llora detrás de nosotros.»

24Pero él contestó, «No fui enviado a otros más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»

25Pero ella fue y lo alabó diciendo, «Señor, ayúdame.»

26Pero él le contestó, «No es apropiado tomar el pan de los niños y tirarlo a los perros.»

27Pero ella dijo, «Si, Señor, pero aún los perros comen los pedazos que caen de la mesa de su señor.»

28Entonces Jesús le contestó, «¡Mujer, grande es tu fe! Que se cumpla tal como has deseado.» Y su hija fue sanada desde esa hora.

29Jesús partió de allí, y llegó cerca del lago de Galilea; y subió a la montaña y se sentó allí. 30Grandes multitudes fueron donde él, llevando con ellos los inválidos, ciegos, sordos, impedidos y muchos otros, y los pusieron a sus pies. Y él los sanó, 31así que la multitud se maravilló cuando vio a los mudos hablando, a los heridos completos, a los impedidos caminando, a los ciegos viendo y dieron gloria al Dios de Israel.

32Jesús reunió a sus discípulos y les dijo, «Tengo compasión por la multitud, pues han continuado conmigo por tres días y no tienen nada para comer. No quiero enviarlos de regreso en ayunas, o ellos podrían debilitarse en el camino.»

33Los discípulos le dijeron, «¿Donde conseguiríamos tanto pan en un lugar desierto, como para satisfacer a tan grande multitud?»

34Jesús les dijo, «¿Cuántos panes tienen?»