37«Entonces los correctos le contestarán diciendo, `Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; o con sed y te dimos algo de beber? 38¿Cuándo te vimos como un extraño y te recibimos; o desnudo y te vestimos? 39¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?´

40«El Rey les contestará, `Les aseguro, así como hicieron al menos con uno de mis hermanos[[207]], así lo hicieron conmigo. 41Entonces les dirá a los de la mano izquierda, `Aléjense de mi, ustedes malditos, al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles; 42pues tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; 43fui un extraño y no me aceptaron; estuve desnudo y no me vistieron; estuve enfermo y en prisión pero no me visitaron.´

44«Entonces ellos contestarán diciendo, `Señor, ¿Cuándo te vimos enfermo, sediento, o como un extraño, o desnudo, enfermo o en prisión y no te ayudamos?´

45«Entonces él les contestará diciendo, `Les aseguro, así como no lo hicieron al menos con uno de estos[[208]], tampoco lo hicieron conmigo.´ 46Estos irán al castigo eterno, pero los correctos a la vida eterna.»

26

1Ocurrió, cuando Jesús había terminado estas palabras, que él le dijo a sus discípulos, 2«Saben que en dos días vendrá la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»

3Entonces los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo estaban reunidos en la corte del sumo sacerdote, quien se llamaba Caifás. 4Ellos estuvieron de acuerdo en que atraparían a Jesús con alguna trampa y lo matarían. 5Pero dijeron, «No durante la fiesta, para evitar que ocurra una protesta entre la gente.»

6Cuando Jesús estaba en Betania, en la casa de Simón el leproso[[209]], 7llegó una mujer con un jarro de alabastro lleno de un ungüento muy costoso, y lo vertió sobre su cabeza mientras él se sentaba en la mesa. 8Pero cuando sus discípulos vieron estos, se indignaron, diciendo, «¿Por qué este gasto? 9Pues este ungüento podría haber sido vendido por mucho, y dado a los pobres.»

10Pero Jesús, sabiéndolo, les dijo, «¿Por que molestan a la mujer? Pues ella ha hecho una buena obra para mí. 11Porque ustedes siempre tendrán al pobre con ustedes, pero no siempre me tendrán a mí. 12Al verter este ungüento en mi cuerpo, ella me ha preparado para la sepultura. 13Con seguridad les digo, donde quiera en el mundo entero que esta Buena Nueva sea predicada, lo que esta mujer ha hecho también será dicho para recordarla.»

14Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue donde los jefes de los sacerdotes, 15y les dijo, «¿Que está dispuestos a darme, para que se los entregue?» Ellos le prepararon[[210]] treinta monedas de plata. 16Desde ese momento él buscó una oportunidad para traicionarlo.