DEL MESMO.
Nin les plase de vençer
Nin consienten ser vencidos,
Quieren la guerra tener
Con ascucias et partidos,
Esto non es cosa novella,
Quen Italia á riendas sueltas
Pasen vueltas et revueltas,
Cada qual con su cautela.
Turumbela.
Aquí comiença la epístola de la sennora reyna de Aragon, donna María, enviada al sennor rey don Alfonso, marido suyo, renando est Italia pacíficamente.
Á tí el famoso et moderno César, cuyas manos besando con reverencia, non ménos que debo á tí, por cuya absencia lealtad aflige et multiplica el mi lícito deseo, tú syn culpa, et io con iusta rason querellosa, ¿de quién me quexaré ó á quién me querellaré de tí, sy non á tí solo, en cuyo poder toda mi esperança vive? É contempla, por Dios, siquiera una hora en el dia en quien tanto te ama, é piensa en espacio de treyta annos quanto poco mis oios han gosado de tu vista et ya que la universal pas has fecho en la grande et riguorosa militante Italia, da con solicitud segura órden á tus grandes fechos, é una breve execucion á tu partida et deseada venida, por consolar aquella que, syn tu vista, ser consolada non puede. É ruégote, quando la querellosa letra leerás, piadosamente quieras contemplar en los servicios et afectuoso amor de aquella que te la envia, rogándote non fallen en tí duresa nin carestía de fé mis piadosas et verdaderas palabras, é ya que mys ruegos, mesclados con lágrimas, contrastando tu deliberada partida, resister nunca pudieron, quando fuyste in África, donde por áspera et sanguinosa batalla vençiste, et por armas sobraste al potente rey de Carthago, et enfecionaste et embrigaste todas las yslas de ynfiel sangre con alguna de la tuya. É de aquí vencida la terra, et puesta á sacomano gloriosamente con la sancta victoria triunfando, tornaste en la grand Grecia, non olvidando la peligrosa empresa, que con iusto título, esfuerzo, peligro, saber et manos, lançaste é despoiaste del reyno al gallico rey, que duque agora se llama. Te ruego, pues tu empresa con glorioso triunfo acabaste, é otros sennores et conmunes tributos te fasen, quieras venir, et non olvidar aquella que nunca te olvida. É non quieras menospreciar la grand constancia et lealtat de tus originales reynos et fieles vasallos, que continuamente ruegan et fasen oracion por tu próspera vida, deseando tu venida et non con ménos deseo que los árboles, despoiados et fatigados del tempestuoso et trabaioso invierno, esperan la plasiente primavera que los cubra é vista de nuevas et verdes foias, et los orne de preciosas et odoríferas flores. Ansy tus naturales esperan lançar todas angustias tribulaciones, é por tu venida ser resucitados, renovados et vestidos de nueva alegría, que con sola vista de tu cara, contentos, alegres et pagados, olvidarán quantas persecutiones et muertes é dannos en el adverso tiempo por tu servicio han padesçido. Aunque segund mi fortuna, con dubdosa et triste sperança vivo temiendo, te será más plasiente oyr la presente, que en xecucion poner la petition de aquella. Porque, muy claro César et sennor mio, te suplico, non porque io sea digna, mas por reverencia de aquel, que de tantos ynfinitos peligros te ha guardado et de tantos triunfos et victorias te ha coronado, mas que á otro viviente, quieras venir et non dilatar tu partida, porque mi grand deseo me causa tan grande et contínuo pensamiento, que cada dia me apropinqua al peligroso passo, tanto que temo sabrás de mí la última nueva, ántes que io de tí la segunda venida. Pero aunque muera con esta rabiosa mansilla et con este intrínseco deseo, de tanto grand título, me alegro, que por tu fama será mi muerte sabida et nombrada por todo el universo, et dirán: muerta es la dolorosa segunda María mujer de César Alfonso el Magno, que asas título es á mí ser reyna mujer tuya, et morir por tuya, é yrte io á esperar en aquel siglo do mi esperança será cierta, que non podrás fuyr.