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cláusula que (suprimido el rengloneo por sílabas y expresada con la ortografía corriente) nos deja leer: Esta obra compuso Sancho de Munino, natural de Salamanca.—Parece que el autor de Lisandro y Roselia es casi tocayo de usted, Sr. D. José.

Aquí termina el descubrimiento, que es bien poca cosa, no teniendo noticia alguna del tal Sr. D. Sancho, cuyo sobrenombre no habia oido yo en mi vida; aunque en el Ensayo sobre apellidos castellanos, obra de mi amigo el Sr. D. José Godoy Alcántara, premiada por la Academia Española, se hallan (página 132) los nombres Muninus, Monnino y otros, que parecen como precursores del apellido Moñino, célebre ya en España desde la época de Cárlos III, que hizo á su insigne ministro, D. José Moñino, Conde de Floridablanca. Quizá el mismo Sancho se llamaria, no Munino, sino Muñino; y su amigo, el autor del acróstico por sílabas, no repararia en usar n por ñ, atendida la dificultad de encontrar vocablo que principiase con la sílaba ñi. En Salamanca, donde he pasado unos dias á fines de Agosto, no me han dado razon de nuestro recien aparecido Sancho; queda, no obstante, con deseo de hacer allí averiguaciones más de una persona, de cuya inteligencia y actividad nos debemos prometer satisfactorio resultado. Y en verdad que harto merece el autor de Lisandro y Roselia el trabajo que cueste llegar á descubrir algo de su vida y hechos, porque, si bien aparece en su obra demasiadamente aficionado á picante y verdura, el libro es de lo mejor que en su tiempo se escribió en castellano. El autor se muestra doctísimo en todo género de letras, conocedor profundo del corazon humano, hábil pintor de costumbres, y personaje por muchos títulos distinguido, cuando el autor del acróstico le llama respetuosamente generoso señor. Tambien hubo de ser sujeto de cuenta este amigo suyo, autor nada ménos que de un poema en cuatro libros, cuyo protagonista era Héctor, obra que, segun Sancho nos dice (si no fué broma), estuvo en poder del impresor Juan de Junta para que la publicara. ¿Sería el amigo de Sancho algun Calvi, ó quizá un Calvino? Porque, en aquel tiempo áun podia llevar en España impunemente este último sobrenombre cualquier cristiano viejo. Sancho pudo tambien tener otro que el de Munino ó Muñino, pues entónces se tomaban los apellidos, poco ménos que á gusto del portador: he repasado por eso la Memoria histórica de la Universidad de Salamanca, que publicó tres años há mi antiguo compañero, D. Alejandro Vidal; y entre los Rectores de aquellas aulas famosísimas he visto un Don Sancho, que fué cuatro veces Rector en los años 1569, 1572, 1585 y 1588; pero aquel personaje, sobre no ser de Salamanca, llamarse Dávila por padre y Toledo por madre, nació cuatro años despues de impreso el drama de Elicia. Dejemos al tiempo la tarea de ofrecer noticias de uno y otro escritor.

Y permítanme ustedes que al darles afectuosas gracias por la publicacion de obra tan estimable, y la enhorabuena por el excelente gusto y esmero con que han hecho edicion tan linda, señale aquí algunas erratas, que noté al paso al leer el libro, y que serán, por supuesto, de la impresion original, por ustedes resucitada. Cualquiera echará de ver que Ticion (página 22), Lypariso (página 183), Tramiseno (página 221) y Loadice (pág. 273), son equivocaciones en lugar de Ticio, Cipariso, Trasimeno (el lago de este nombre) y Laodice; tambien se advertirá que el nombre Lanace, impreso así en la página 182, es el mismo de Cánace, que se halla en la página 274; pero no es tan fácil conocer que el nombre Macarso, que se lee en la misma página 274, y el de Macharco de la página 182, son el de Macareo, hermano de Cánace, personaje mitológico de no ejemplar memoria, como varios otros del libro: Canno (página 274) es Cauno (error tan fácil de cometer como de perdonar); Menefon debe ser Menefron; Thistes, Tiéstes, y Europa, Erope. Alguna otra cosilla pudiera notar; pero sobra lo dicho para venir al fin que me propongo con estos impertinentes reparos. Necesitaba yo, señores, hablar de erratas con cualquiera pretexto, para salvar aquí una gordísima, que benignamente se me ha notado, cometida en un Discurso que leí en la Academia Española, donde estampé que el pronombre Nós era... ¡segunda persona de plural! Habia corregido con mucho cuidado las pruebas del Discurso; corregí, con mayor detenimiento aún, la reimpresion del mismo; y en él y en ella salió y se ve la que he llamado errata, sin serlo de imprenta, sino despropósito de este pobre viejo, que no está ya para nada, aunque siempre muy deseoso de servir á ustedes, cuyas manos besa:

Juan Eugenio Hartzenbusch.

LOPE DE STÚÑIGA.

[nota I]