Advertencia general.
Las observaciones y comentarios que siguen, no tienen ni con mucho, la pretension de ser definitivos. Para ello—y ruego al prudente y discreto lector que lo tenga en cuenta—me hubiera sido necesario consultar muchos libros, algunos de la mas estremada y singular rareza, que no he podido tener á mano. He hecho sin embargo, y puede creèrseme bajo mi palabra, cuanto ha estado à mi alcance, pues ciertamente no es ni aficiòn, ni amor al estudio, lo que me falta. Sin embargo ni soy un erudito, ni presumo serlo. Solo me tengo por un ferviente amante de nuestras letras, que las estudia con ardiente entusiasmo. Pretender otra cosa seria otorgarme una patente de sabiduria, con marchamo de ingenio, à la que no soy ni puedo ser legìtimo acreedor.
La caprichosa fortuna que suele dispensar sus favores à aquellos que menos los merecen—al fin y al cabo es veleidosa como muger—concediòme la gracia de hacerme tropezar con el precioso y desconocido libro cuyo texto literario acabo de transcribir. No aprovecharse del hallazgo fuera necedad manifiesta, que si el ser presumido es leve falta, la ignorancia es pecado que no tiene perdon. Por algo el Espiritu Santo diò el buen consejo que nos dice: »Buscad y hallareis».
Desde luego debo confesar, que el interès del peregrino Cancionero de Uppsala—asi me complazco en llamarle—es mucho mayor bajo el aspecto musical que en el concepto puramente literario. Quizà sobre aquel particular pudiera consignar algunos datos de mayor importancia, pero no es este, asi precisa reconocerlo, el lugar mas oportuno para llevar à cabo semejantes investigaciones. Todo lo que dijera deberia ser aceptado gratuitamente, ya que para juzgar de la exactitud de mis juicios ò de la oportunidad de mis observaciones, faltarian al curioso lector los comprobantes, es decir los textos musicales. Reservo esta parte de mi trabajo para el dia—si es que llega—en que pueda publicarla, pues los materiales estan acopiados, y solo falta comenzar la obra, que en realidad vendria à ser una consecuencia—y por que no decirlo—un complemento de aquel admirable Cancionero de Palacio, dado a luz por el inolvidable Barbieri, que vino a descubrirnos la mùsica profana española del Renacimiento, de aquella època gloriosa en que reinando Isabel y Fernando, Fernando o Isabel—en realidad Tanto monta—se conquistaba Granada, se efectuaba la unidad nacional y se descubria un nuevo mundo.
Haré sin embargo algunas ligeras indicaciones, de tal gènero, por no hacer absoluta traicion al objeto primordial de mis estudios y de mis amores, la mùsica española y su historia à traves de los siglos, pues no se trata como pretenden muchos de una utopia, ni de un sueño, ya que ha existido y aùn existe, como espero demostralo en un trabajo de gran aliento, que pronto vèra la luz publica, aunque mucho me pese por cierto, en idioma extrangero.
Jùzguense pues las siguientes Notas, como lo que en realidad son, es decir como un ligero avance en el estudio literario del curioso libro que pretendo ilustrar. Su verdadero fin no es otro, que el de señalar à los investigadores que me sigan, alguna pista que creo segura para la identification de la verdad. Si se juzga erronea mi opinion, con no seguirla el mal està remediado. En algunos casos he formulado observaciones de otro gènero que me han parecido curiosas ò pertinentes. Por desgracia mis pesquisas no han sido todo lo afortunadas que por mi parte hubiera deseado. Gran parte de tal culpa puede achacarse à mi falta de perspicacia y agudeza, pero en justicia, alguna corresponde tambien à las escasez de medios de trabajo con que he luchado.
Lo esencial para mi, era poner al alcance de los verdaderos eruditos, mi feliz descubrimiento. Ellos si lo creen digno de interès, se encargaràn de analizarlo como merece, depurando sus quilates.
Y esto dicho, paso à consignar mis observaciones y mis comentarios advirtiendo que el que dà de buena fe y con mejor voluntad todo lo que posee, no està obligado à dar mas.—Vale.