Entre tanto que venian cantidad de Indios hicimos agua y leña para esperar el Armada un mes ó dos, y pasados quinze ó veinte dias que el Armada no venia, entendí de los Indios que andavan desabridos, por que no tratavan verdad en cosas que con nosotros tratasen, y visto esto, y que el Armada no venia, acordamos de alzar el Navio, que era muy raso, y no estava para poder salir de Puerto ninguno, ni para poder barloventar con él, y tambien si acaso nos quisiesen hacer algun daño los Indios tuviesemos alguna defensa con el bordo para nos poder defender, y ansi con parecer del Piloto lo hize luego poner por obra, y lo primero que hizimos calafatear el Batel, por que se nos iva al fondo por estar todo abierto, ansi lo adrezamos lo mejor que pudimos: luego otro dia siguiente mandé comenzar á cortar madera para aderezar el Navio, aunque contra la voluntad del Maestre, y de algunos de los del Navio, por que decian, que ellos no havian venido á la China para cortar palos, sino que en llegando havian de cargar de oro, y ansi decian que aquel no era el Puerto, que mas abaxo estava, que alli hallarian muchos juncos que traian muchas riquezas, que de esto venian ellos informados, y que por esto fué su intencion de venir la jornada, y ansi andavan algunos amotinados; y esto vino á sentir el Piloto, por que le dixeron, que estando en tierra conmigo haciendo lo que convenia, le abrian la caxa alguno de los que quedavan en el Navio, que eran de los amotinados, y le miravan la carta para ver donde les demorava los Malucos, y ansi pretendian irse allá; y él viendo esto vino á mi y me dió parte dello para que nos guardasemos dellos, por que estavamos en mas peligro que no con los Indios, y ansi para que estos no saliesen con su mal proposito, yo mandava á aquellos que entendia que no se hallavan culpados, aunque eran pocos, que tubiesen gran vela por que no nos matasen, y se alzasen con el Navio, y junto con esto el Piloto é yo haciamos nuestros quartos velandolos como siempre lo haciamos, por temor de los Indios no nos cortasen el amarra; y ansi en este tiempo el Maestre que era el principal y el que se havia puesto á los demas en este negocio, hizo las amistades con el Piloto que era la causa principal por que él havia intentado esto, que segun supe havian reñido en tierra sobre el alzar del Navio, y adrezallo, y como yo los hize amigos mandandoles que entre ellos no huviese cosa ninguna, por lo qual como digo se quedó, y ansi los demas viendo esto concertaronse con los que hacian el quarto la noche que los cupo, y ansi se entraron quatro dellos en el Batel, llevando los arcabuzes con otras muchas cosas que sin ellas no podiamos navegar, que fué dos eslabones y pedernal que en el Navio havia, que era lo principal que haviamos menester, por que faltandonos el fuego, los Indios y ellos podrian ser señores de nosotros todas las veces que quisieran; y ansi estandose embarcando fueron sentidos por uno que estava velando, y me llamó á mí y á el Piloto, diciendo, que se ivan con el Batel, y por presto que acudimos estaban ya desabrazados, y sino acudieramos fueran pocos los que quedaban, y ansi se fueron llevando armas de otros que con ellos havian de irse; yo les dixe ¿que adonde llevaban el Batel? dél respondieron; que ivan á tierra; y ansi se fueron fuera del Puerto, y creo por lo que el Piloto me havia dicho, su intencion era ir á los Malucos por que eran poblados de Portugueses.

Venida la mañana alamos nuestro Navio en tierra, como hombres perdidos por no tener Batel, y ansi nos llegamos tanto á tierra que podia saltar un hombre en ella, y llegandonos dimos sobre unas piedras, que á no ser el Navio tan recio se hiciera pedazos, y estando en este travajo plugo á la Madre de Dios que crecia el agua, y sacamos nuestro Navio dexando en tierra á Pedro de Rivero con otros dos hombres, para que fuesen por la playa á ver si parecia el Batel; corrieron buen pedazo de tierra por la costa, no lo vieron, y ansi dieron la buelta al Navio con arto travajo y temor de los Indios no los hiciesen algun daño; y luego dende tercero dia que se fueron en el Batel volvieron, y vimoslos desde el Navio estar surtos tomando agua, y esperando para ver si ivan los demas que eran en el motin; y viendo esto embié á el Piloto con dos hombres con arto temor de los Indios, y ansi como llegó donde ellos estaban les rogó que por amor de Nuestro Señor se bolviesen á bordo, y diesen el Batel que era del Rey, y que á mi y á los demas nos hacian mala obra, y que no podiamos ir en busca del Armada, ni salir del Puerto por la falta que el Batel nos hacia, y ellos por la poca gente que traiamos: ellos le respondieron tan asperamente, que aunque fueran Luteranos no respondieran lo que estos respondieron, que fué decir: que no havian salido con su intencion, que mas querian morir entre Indios, que no volber al Navio, y visto esta respuesta les preguntó ¿que havia sido su intencion, de haverse ido sin les hacer agravio ninguno? respondieronle, que no tenian para que darle cuenta, que aquella era su voluntad, y que pues ellos havian venido engañados del Puerto de la Navidad, tambien ellos querian hacer todo el mal que pudiesen; y el Piloto les bolvió á rogar que le diesen el Batel; y ellos dixeron, que si harian, que bolviesen otro dia por él, y que alli lo allarian, por que ellos tenian determinado de quedarse. El Piloto les dixo, que mirasen sus conciencias y sus animas, pues eran christianos y que no negasen la Fee de Christo, y á su Rey, y el juramento que havian hecho de le servir, y que él les dava su palabra que yo no les haria ningun daño; y con decirles todo esto vió que no aprovechava, y ansi se despidió dellos con la mayor moina del mundo, de ver quan perdidos estabamos, por la falta que nos hacian para nuestra navegacion, y ansi se bolvió al Navio, y al tiempo que bolvió alando por un cabo que teniamos dado en tierra para alar por él para poder entrar, y ansi alando acostose sobre una baxa de tal manera que vi el Navio perdido, y todo esto por causa de tan buenos hombres como aquestos que me dieron, é ansi travajamos todos de dia para sacar el Navio de tanto travajo, de suerte que fué necesario alijar algunas cosas, y ansi fué forzado el Piloto, y á los que con él ivan echarse á nado para favorecer á los que estavamos en el Navio, por que estaba dando tan grandes golpes en las peñas, que hacian temblar todos los arboles, de manera, que los echava fuera de si, y al fin fué Nuestra Señora de Consolacion servida de sacarnos de aquel travajo; y despues de vistonos fuera con nuestro Navio estanco y sin daño ninguno, me contó el Piloto todo lo que tengo dicho, y ansi esperamos todo el otro dia, como el dia antes havian dicho, y vimos que estaban todavia dentro del Batel, y ansi determiné juntamente con el Piloto de que fuesemos los dos solos allá, sin otra gente ninguna, y ansi fuimos dejando en guarda del Navio á Pedro del Rivero, como persona que se le podia fiar esto, y mucho mas, é ansi como llegamos el Piloto é yo cerca donde estaban hizieronse fuera, y como esto vi dixe al Piloto que les hablase, y ansi les llamó y les dixo, que yo iva alli, y ansi aguardaron á un tiro de piedra metidos en la mar: yo llegué y les hablé, y les dixe mi parecer, lo uno que mirasen el deservicio que á Dios hacian en quedarse alli, y lo otro que mirasen el pleito omenaje que tenian hecho á S. M. y quanto deservicio se le hacia en permitir que nos perdiesemos allí, no pudiendo ir por falta dellos y del Batel en busca del Armada ni salir de aquel Puerto, y que no mirasen el yerro que havian hecho, que bien entendian no havia salido dellos, y que si se huvieran de castigar los que eran en este negocio entendia que me havia de quedar solo; y que yo les daria mi fee y palabra como christiano que ningun castigo se les daria, y que si esto no querian, que nos diesen el Batel, por que el dia atras haviamos tenido el Navio perdido por falta dellos: respondieron que bolver no bolverian, pero que el Batel, que ellos lo darian: yo les dixe, que nos le diesen luego si nos lo havian de dar, por no vernos en el peligro que nos haviamos visto para entrar en el Navio: tambien les pedi un eslabon por que havia ciertos dias que no haciamos fuego, y visto que tanto les importunava dixeronme que embiase por el Batel y por el eslabon, señalandome los que havian de ir por él, y ansi di vuelta al Navio, despues de haberme quebrado la cabeza en pedricalles; y llegado embié dos hombres con Pedro de Rivero para que fuese con ellos y les dixese su parescer, por ser tan amigo suyo y de los demas que venian en el Navio, diciendole pidiese los arcabuzes pues tampoco les servian, y á nosotros nos hacian tanta falta; y ansi fué, y llegado les dixo su parescer como christiano y servidor de S. M. y no aprovechó nada, y ansi le dieron el Batel. Despues de estar dentro les pidió los arcabuzes: ellos le respondieron, pues que le davan el Batel que no pidiesen otra cosa, y ansi vino con el Batel abordo, é yo le pregunté, que ¿como no traian los arcabuzes? Dixeron que no se los quisieron dar, y dixome lo que con ellos havia pasado, y pareciendonos tan mal esto, el Piloto me dixo, que no se sufria dexarlos ir con los Indios, pues ivan tan mal indinados, y que seria causa que nos viniese á nosotros gran daño, y que pues ellos dormian aquella noche en tierra que era cerca de los Pueblos de los Indios, los quales esperavan á la mañana para irse con ellos, y que les llevasen su ropa por que ansi lo tenian concertado; y ansi me dixo que él se atrevia á llevarme por parte donde ellos no nos sintiesen por mucha vela que hiciesen: entendiendo esto, y viendo la ironia dellos, determiné juntamente con el Piloto y otros tres hombres de meterme en el Batel con el Contramaestre del Navio y otro Marinero, para que se quedasen en una ensenada para que si los tomasemos traellos en él, y no por tierra, por el temor de los Indios, dexando avisado, que en oyendo tirar un arcabuz acudiesen á la parte donde lo oyesen; y ansi nos fuimos quedando en guarda del Navio, Pedro de Rivero, con tanto peligro como en el que nosotros ivamos, y ansi saltamos en tierra dexando el Batel como digo, y el Piloto comenzó á guiar tomando el tino de un fuego que desde el Navio haviamos visto que tenian hecho, y ansi yendo por entre muchos arboles y barrancos, y muchos arroyos y quebrados grandes, cayendo y levantando venimos á salir en una zabaneta los quatro y yo: allí me dixo el Piloto que estabamos cerca dellos, segun del Navio haviamos visto por la lumbre, y ansi fuimos por un arroyo abaxo que iva por de dentro del monte, el qual iva á dar en la mar, mas adelante de donde ellos estavan por que por esta parte ivan acia los Pueblos de Indios y lugar donde ellos havian de estar mas desviados, y ansi como llegamos á la playa miramos si parescia la lumbre de luengo de la mar, y vimos que no parescia ninguna, y allamos el rastro dellos que havian venido á beber al arroyo, y ansi fuimos á orillas del monte hasta dar cerca de donde estavan, los quales hallamos á los dos dellos velando con los arcabuzes y mechas encendidas, y ansi nos abajamos por no ser sentidos, y estuvimos como dos horas aguardando que estos diesen el quarto á los otros, y de los dos que venian no quiso el uno velar, y el que velava se andubo siempre paseando con muy gran vela, mirando á un cabo y á otro, y como la noche era escura no nos pudieron ver; y andandose paseando, unas veces para acia nosotros, y otras veces diferentemente, el Piloto se puso tras de un arbol donde tenian el fuego, y los otros estavan durmiendo debaxo de un toldo que tenian hecho, aunque del lugar donde estaba no le veiamos; y ansi estando en esto, llegó el que velava á hacer fuego por que no se le apagase, y hallose el Piloto tan cerca dél, que no havia sino el arbol enmedio, y vistolo tan cerca llegó el arcabuz al rostro y diole fuego, y diole enmedio de los pechos con veinte y siete perdigones, y usó Nuestra Señora de Consolacion allí un milagro, que fué, que á este que dieron traia una Imagen suya en los pechos, y con dalle como le dieron tan cerca, le quedaron todos los perdigones señalados y parte dellos metidos por los pechos que se parescian, y la Imagen sin ningun daño sino fué la señal de dos o tres perdigones: y ansi como este se sintió herido hecho á huir dando voces, y el Piloto tras de él con el Espada en la mano para acaballes de matar; y yo y la demas gente por la otra parte, y ansi se entró este herido dentro del toldo que tenian hecho, y nosotros juntamente diciendoles, que se diesen, sino que moririan, y ellos no curaron de nada de esto, sino de defenderse, y con todo esto les prendimos saliendo todos heridos, y los amarramos, y en esto llegó el Batel y los metimos dentro, y quando llegamos al Navio yo les hize tomar sus dichos para saber quienes eran los demas que havian sido en el motin, y luego mandé poner quatro poleas en las vergas para ahorcallos, y estando ya con las sogas en la garganta sentados al bordo del Navio para echarlos, llegó el Piloto á mí, y Pedro de Rivero, y me hablaron, diciendome el Piloto, que era imposible salir del Puerto si aquellos quatro hombres morian por la poca gente que en el Navio havia, y por que la mayor parte estavan enfermos, y estos que digo entenderseles tan bien, lo que se les entendia de la mar; y ansi viendo esto, y la nescesidad que nos contriñia á todos, los dexé para en topando el Armada entregallos al Governador para que él los castigara conforme al delito, y con esto quedó así, y curamoslos, viendo en aquel hombre el milagro que tengo dicho: y de allí adelante comenzaron á hacer como hombres de bien, y á enmendar el yerro pasado.

Despues de todo esto pasado, acabamos de hacer á nuestro Navio sus falzas para poder navegar. No podré dexar de decir un milagro que Nuestra Señora hubo con nosotros, que demas de los pasados, por ser tan particular es digno de memoria, y fué, que estando una noche surtos en este Puerto con un Rezon á la mar, y un cavo dado en tierra á una peña, nos reventó el cable de la mar con el mucho viento que hacia, el qual nos era contrario, y ansi viniendo el Navio sin amarra á dar á la costa, el seno del cabo de tierra tomó en una piedra en la mar, de manera que nos tuvo el Navio que no fué á la costa; y esta noche me cayó á mi de velar la prima y pareciome que estavamos muy junto á tierra, dixe á un Marinero, que mirase si havia reventado el cable, y el respondió que no, sino que estaba muy bueno, y todavia, no fiandome en esto, llamé al Piloto y le dixe, que me parecia que estavamos muy cerca de tierra, y ansi como se levantó conoció que estavamos desamarrados, y saltó á proa, y vió el cable de la mar rebentado, el qual metimos dentro y vimos el milagro que Nuestra Señora havia hecho en tenernos, el que estava en tierra, el que nos detuvo que no fuesemos á la costa, y luego saltamos en el Batel, y portamos un ancla fuera, y sacamos nuestro Navio de las piedras, lo qual si fuera otro dia antes lo pasaramos mal por causa del mucho viento que hubo, y ansi lo remedió Nuestra Señora.

Luego otro dia siguiente vino este Principal que llamaban Viban, y otros con él y muchas mas mugeres que la primera vez, y todas encima del tocado y en la frente llena de albaaca, y en las narices, la qual albaaca olia mucho mas que no la de Castilla: tambien vinieron muchos Principales llenos de la misma albaaca, y algunos de ellos traian orejeras de oro muy fino; tambien ví que traian todos los dientes taladrados, y esmaltados con granos de oro, encajados de tal manera, que no habrá Platero que tan sotilmente lo labre; parecianse todos estos de estas Islas de Mindanao andar bien adreszados de sus personas y armas, las quales armas son, alfanjes tan buenos que de una cuchillada cortaran un ternero por medio, é dagas tan buenas como las nuestras. Ansi estuvimos este dia con ellos preguntandoles por señas algunas cosas las quales eran, si havia oro en la tierra: dixeron que sí havia, y señalaron la tierra adentro, y ansi llegó un Indio con un canuto lleno de granos de oro para que se los rescataramos, y nosotros no se los quisimos rescatar, por dalles á entender que no se nos dava mucho por ello, y ansi estuvimos todo el dia hablando con ellos, y á la tarde llevamos á este Principal, que ellos llamaban Viban, á nuestro Navio, y yo le vestí á uso de nuestra España, y ansi se fué muy contento él y los demás, y de esta vez que fué no bolvió en una semana, y cada dia venian Indios á rescatar gallinas y arroz, y preguntavamosles por el Viban, y decian, que era ido á caza de benados, los quales por aquella Isla hay gran cantidad y ellos en su lengua los llaman Usa; y ansi vino este Viban al cabo desta semana con otros quatro Principales, y traian Indios cargados con benados asados en unos checubites y unas cañas de vino, y nos lo dieron como en presente, y le preguntamos ¿que qué habia fecho tantos dias? y el respondió por señas, que havia andado á caza; y ello no fué ansi, sino con cudicia de yerro que en el Navio vió, de Resones y anclas, pensando que nos iriamos en breve, acordó de irse á concertar con otros Principales para matarnos en tierra á todos, y por la mar tenian prestos canaluchos armados y llenos de mucha gente, para barluar en el Navio y tomarlo, y este fué su intento. Y ansi Viernes á la noche que se contaron dos de Marzo, venia por tierra mucha gente y por la mar con los canaluchos con proposito de cortarnos el amarra de fuera, y los de tierra alar por el prois, para que el Navio diese á la costa y fuesen señores de nosotros, y ansi nosotros Rezelandonos de que de tierra no nos viniese algun daño por estar muy cerca, acordamos echar unos perros que teniamos, en tierra, para que en ella hiciesen vela, y nosotros en el Navio, y haciase tan buena que los que velavan en el Navio á la grita de los perros en tierra que arremetian bravamente con los Indios, me llamaron diciendome les parescia haver gente en tierra, por la braveza que los perros tenian, y ansi me lebanté y miré ácia tierra, y conocí que havia gente, y luego miré á la mar y ví tres canaluchos grandes, y ansí nos apercevimos todos con nuestras armas; y como ellos sintieron que nosotros estavamos despiertos bolvieronse con los canaluchos detrás de una punta; y allí echaron toda la gente y armas en tierra, por ser en parte que entendian que desde el Navio no los podiamos ver, y ansi se estuvieron hasta la mañana; y ansi en amanesciendo vinieron los dos á bordo muy toldados y empabesados con muchachos al remo, y dos ó tres Indios amarrados como que venian á benderlos y á rescatar, como que nosotros no les entendiamos su bellaqueria, y dentro de la una dellas venia el Viban con un Principal á quien él tenia respeto, y como nos vió armados y con los arcabuzes en las manos temió, y alzó las manos como otras veces solia hacer, y luego nosotros fuimos fronteros del Navio con nuestro Batel, y el Viban no nos habló, antes se fué luego á llamar los Indios segun entendimos, y no paresciendonos bien fuimonos á nuestro bordo, y acordamos de nos hacer á la vela; por que no era cosa de esperar mas, viendo la gente de la Isla tan alborotada, y que se nos atrevian; y ansi comenzó á acudir alguna gente, aunque los Principales devian de ser idos á llamar y juntar los mas que pudiesen; y ansi vino la noche, y otro dia Domingo de mañana que se contaron quatro de Marzo salimos deste Puerto y de Mindanao, aunque no dexaramos de estar allí otros quinze ó veinte dias esperando el Armada, sino fuera por temor de ver la gente tan escandalizada, aunque haviamos estado en ella treinta y tres dias, y ansi dexamos en ella muchas cruzes, y una botija con cartas al pié de una cruz, por que si el Armada alli viniese, supiese lo que nos havia sucedido, y la derrota que llevabamos en su busca; y hecho esto partimos de este Puerto, Domingo por la mañana, y ansi como fuimos á fuera cazamos á popa la vuelta del Sudueste, y fuimos otro dia á ver la Isla de Saragan, y vimos que no estaba allí el Armada, y no pudiendo surgir en ella atravesamos á la Isla de Mindanao por ser Isla grande, que terná de tierra como ciento y cinquenta leguas, y por que en ella hay muchos puertos; y ansi llegamos este dia á dar fondo en un Puerto, y estando para querer dar fondo vino un canalucho á nuestro bordo, y los Indios que venian dentro hablavan muchos vocablos españoles, y nos preguntaron si veniamos de Malaca ó ivamos á los Malucos: nosotros les respondimos que no, que eramos venidos de hacia Levante: espantabanse mucho de como no los entendiamos, y en esto conocieron que eramos venidos de lexas tierras y ansí no osaron llegar á bordo, y en todo lo que hablavan nombravan Capitan y Señores, y zaraguelles, y otras cosas, y ansi nos paresció que havian llegado por allí Portugueses muchas veces, y ansi nos señalaron haver visto allí tres Navios, los quales en su lengua llaman Mito, y entiendo debian de ser de las Armadas pasadas, que han venido en estas Islas, y ansi no surgimos, antes nos hizimos á la vela, y fuimos vaxando toda la Isla, viendo muchos Puertos y muy buenos, y siendo tan abante como media Isla vimos una Bahia grande que estaba diez leguas por la tierra adentro, y ansi fuimos al cabo desta Bahia á dar fondo, y allí estuvimos dos dias sin ver poblacion ninguna ni señal de haber portado por alli Navio ninguno; y ansi fuimos en tierra, por ver si veiamos algunas cruzes del tiempo pasado, por parescernos ser Puerto principal de aquesta Isla, y por hacer nuestra aguada; y como no vimos muestra ninguna ni señal, hizimos nuestra agua, por no haver defensa de Indios, y estando haciendo el agua me aparté por el monte, donde vi tanto rastro de benados, que era, maravilla; é ansi tomamos el Piloto y yo dos perros que traiamos, y salimos con ellos á un raso donde descubrieron un benado y le mataron; vimos cantidad de gallinas montesas por toda la Isla, donde anduvimos, y muchos puercos, y ansi nos bolvimos á nuestro Navio, con proposito de nos hacer á la vela y seguir nuestro camino en busca de la Armada, y venida la noche saltó el viento á la tierra y echamos mano á nuestro cable para levarle, y no pudimos por estar empachada el ancla en una piedra que por mucha fuerza que hizimos al cabestrante no pudimos levarla, y ansi nos detuvimos dos dias que por mucho que hizimos no la pudimos levar, y visto que perdida estava el ancla eramos nosotros perdidos, por que un Rezon que traiamos se nos havia quedado en Mindanao quando se nos quebró el cable: visto esto, estando en esta confusion rogamos á Nuestra Señora todos los que en el Navio ivamos, que ella lo guiase como fuese mas servida, y ansi fué servida de darnos nuestra ancla sin daño en ella, ni en cable: largamos esta noche una vela y fuimos saliendo del Puerto: calmonos el viento esta noche, y metionos el aguage, en una ensenada enfrente de unos fuegos que tenian unos pescadores, y por el propio fuego vimos que estavamos cerca de tierra: entonces el Piloto mandó á los Marineros que entrasen en el Batel, y que tomasen un remolque para sacar el Navio fuera, é yendo ansi remolcandole, vió el Piloto blanquear por proa, y preguntó á los del Batel si era baxo, y uno dellos con el remo fué á sondar y halló que habia medio remo de agua; y visto esto hicieron ciaboga con el Batel al Navio, y ansi salimos aunque con arto travajo; á pique de este arracife havia veinte brazas y por toda la Bahia habia veinte y á treinta; y ansi fuimos por la costa abaxo viendo muchos Puertos y Pueblos, y en muchos llegamos á surgir por ver si podiamos ver algunas señales de la Armada, ó de Navio que por allí huviese ido, y como no hallamos señales pasamos de largo, é yendo de luengo de costa vino una alva de mañana una vela á tierra de nos muy grande, y que ninguno que en aquellas Islas huviesemos visto, y ansi amuramos para ir en demanda dél, y como estuvimos cerca vimos que era un Canalucho grande ó Junco: llegamos á él para ablalles, y ellos pusieronse en arma, y entonces por señas les diximos, que no les queriamos ninguna cosa: ellos no curaron desto, antes como nos vieron cerca se pusieron apercevidos, y nos comenzaron á tirar con las armas que traian, que son baras tostadas, y lanzas con muy buenos yerros, y flechas, y ellos con sus escupiles de algodon como los de la Nueva España, con sus tablachinas y alfanjes en las manos: visto esto se les tiró con un berso, el qual dió dentro é hizo daño en él que lo medio desaparejó, y ansi el del timon se descuidó y el Navio dió una guiñada, de manera que nos barluamos, y visto esto y que tan mal desde él nos tratavan, se les tiró con otro berso, y ansi entraron dentro seis hombres, y ellos se echaron al agua: todos serian como unos cinquenta Indios: todo lo que hallaron estos hombres que entraron en él, fué gran cantidad de arroz, y mantas de palma y de algodon, y de frisoles y cocos, y pesos y medidas de oro, y otras cosas de su comida: mandoseles tomar un poco de arroz, por la necesidad de bastimentos que traiamos, y tomaronsele algunos pesos de palma y algodon, que todo ello valia arto poco: largamosles su Junco llamandoles viniesen por él, entendiendo segun la derrota que estos llevaban ivan á rescatar á otra Isla.

Ansi pasamos de largo por la derrota que llevabamos, y otro dia en la noche yendo amurados la vuelta de tierra, por meternos al abrigo della por el mucho viento que hacia, pareciendole al Piloto ser aquel cavo de la Isla, se fué á proa del Navio por que havia visto blanquear la mar, parenciendole ser un baxo, pidió la sonda, y antes que se la traxesen varó el Navio en un arrecife de tal manera que pensamos perder allí todos las vidas, y quiso Nuestra Señora, que dando el Navio viró la proa á la mar, dando golpes de manera que nos echó el timon fuera, é ansi salimos sin rescivir daño ninguno el Navio, y luego en saliendo fuera del baxo cayó el timon en su lugar, y fuimos corriendo con nuestra derrota, viendo todos los Puertos y Ensenadas, como no víamos á que parar, pasamos de largo hasta que llegamos al cabo desta Isla de Mindanao, y en el cabo de la tierra tiene muchas Islas apartadas á tres y á quatro leguas y mas; ansi nos entramos por entre el cavo desta Isla, y las Islas de fuera, y allí surgimos por que es todo aplacelado y buen fondo, que hay diez, y doze brazas, y hay muy grandes corrientes, de tal manera, que si el cable no es nuevo rebentara con la fuerza del agua; ansi de creciente, como de menguante, crece y mengua mucho: todo el pescado que hay entre estas Islas, viene á desobar á estas corrientes, y que estando nosotros un dia surtos esperando la marea para desembocar de entre estas Islas, vimos venir muchos canaluchos atravesados con la corriente, los quales venian cargados de Indios Pescadores, y llegando á nuestro bordo vimos que traian los canaluchos llenos de pescado y preguntamosles por señas ¿si lo querian vender? respondieron, que sí, y ansi les rescatamos mucha cantidad dello: lebamonos de aquí y desembocamos de fuera destas Islas, y fuimos á dar fondo en tierra de la Isla de Mindanao, y salieron á nosotros muchos canaluchos cargados de cera y canela, rescatasmosles parte dello para comer, y alguna cera, para que si algo se ofreciera de calafateria breasemos con ella. Hay por aqui tanta cantidad de canela, que si un Navio llevase rescate en dos dias puede cargar.

Despues que nos vinimos al cavo desta Isla que haviamos corrido toda la parte del Sur, y no haviamos hallado señas del Armada, y pareciendome que no era bien correr al Sur en demanda de otras muchas Islas que hay, lo uno por no llevar mas de un ancla, y lo otro con temor no diesemos con Portugueses, de que nos vendria mas daño, y tambien por no saber lugar cierto donde esperar el Armada, ó Isla cierta donde el Armada havia de venir, ni por instrucción me lo dieron no sabiendo que nos hacer, me dixo el Piloto ¿si traia alguna instruccion ó savia del General, ó de otra alguna persona, en demanda de que Isla venia el Armada? y el Piloto me mostró en la carta las Islas Filipinas: yo le dixe: que no savia ninguna ni tal me havian dicho, ni quando del Puerto partimos no savia adonde ivamos; y ansi acordamos que era mejor dar fin á toda la Isla, y boxandola, de allí atravesar á las Islas de Magallanes, que son las primeras que se pueden tomar viniendo de la Nueva España, y por haber ya allí estado el Armada de nuestro Emperador, y tener entendido venir allí el Armada, acordamos de ir en demanda desta Isla, y ansi fuimos costeando la Isla de Mindanao, y por la parte del Norte barloventeando, y con arto travajo fuimos á dar fondo, el cual tenía un Pueblo grande, y luego como dimos fondo vinieron á nuestro bordo ciertos canaluchos cargados de cera y gallinas y puercos, y cantidad de canela: no le rescatamos nada desto por que no teniamos con que: pusimosle por nombre el Cavo de la Canela, por que havia mucha cantidad: está este cavo en siete grados y medio, y ansi fuimos por la derrota que llevabamos, y habiendo caminado por esta vanda como treinta y cinco leguas, fuimos á dar fondo en un Puerto, en el qual vimos un Pueblo en un alto, grande, y por encima unas palmas de cocos, y ansi como nos vieron que dimos fondo, tocaron una bozina ó corneta, que fué llamar á recoger los canaluchos, y gente que estava fuera del pueblo, y en viendola tocar venian muchos canaluchos derechos al Pueblo, y ansi se recogieron todos que no quedó ninguno por la mar. Este dia vinieron á nuestro bordo dos canaluchos, y de fuera nos hablaron, y como vieron que no los entendiamos, dieron vuelta á su Pueblo, y aquella noche nos hizimos á la vela pareciendonos ver la gente ruin, y ansi como fuimos fuera en la mar, cargó tanto la brisa que de fuerza nos hizo arribar á este mismo Puerto, aunque una legua abaxo por estar más apartado del Pueblo; y ansi llegamos á dar fondo a una punta que parescia Isla respecto de un rio que la atravesava, y echamos el Batel fuera para tomar agua y leña, de que teniamos necesidad, y ansi se principiaron á tomar el dia siguiente, y estando tomando el agua, dixo el Maestre que queria quedarse en tierra labando su ropa, y con el un Mozo y un muchacho para labar la ropa de todos, é yo acordé de me quedar en tierra, por no ir ni venir tantas veces en el Batel, é por dar orden en tierra que se hinchasen las vasijas; y haviendo echado dos ó tres caminos en el Batel, y al camino postrero estaban ya todos en la orilla de la mar, salieron del monte un golpe de Indios con sus lanzas y tablachinas con tanta furia arremetiendo á los nuestros hiriendolos, y ellos como no tenian armas acogieronse al Batel, y del Batel con los remos botando fuera, y defendiendose, bolvieron á bordo: huvo hombre dellos que truxo nueve heridas, algunas de á palmo, el qual herido fué el Maestre, que por escapar la ropa que havia labado llevó las heridas y quedose sin ropa, y á todos los demas nos dexaron con la ropa que teniamos en el cuerpo.

Quisimonos hacer á la vela este dia, y no pudimos por el tiempo ser ruin, y de ahi dos dias abonanzó el tiempo, y nos hizimos á la vela por nuestro camino; y estando de este Puerto quatro ó cinco leguas, cargonos mucho la brisa, y tambien por ser este el cabo de toda la Isla, atravesamos á las Islas de Magallanes, que son tres Islas principales, la una es costa de cabo de Matanzas, y la otra es donde murió Magallanes, y la otra Bahia de Macadaos, y ansi fuimos en demanda dellas, que estan todas tres del Este U-este, y á la vista de la Isla de Mindanao, que estarán della como quinze leguas; boxamoslas por la parte del Norte y entrando por la primera dellas que es costa del cabo de Matanzas empezamos á hallar tierra de poco fondo, el qual fondo hay destas Islas á los Malucos, y por encima de este placel hay tantas Islas, que nos paresció entrar en el Archipielago, y bien lo podemos decir por que hay muchas mas, por que andando entre ellas no sabiamos por donde haviamos de salir, y todas estas Islas son pobladas de mucha gente y son Islas pequeñas de á diez leguas, y de á seis, y de á quatro, y todas las demas de á dos, y de una legua, viven en alguna de estas Islas, principalmente en la de Mindanao, y algunas de estas otras pequeñas sobre arboles, y ansi tienen las casas como picazas en los mas altos arboles, que tendran á diez y á doze brazas de alto: paresceme que todas estas Islas pequeñas estan sugetas á la Isla donde mataron á Magallanes, por que haviendo quatro ó seis dias que andavamos por entre estos baxos é Islas, fuimos á dar fondo á una Isla pequeña que estaba pegada á la en que mataron á Magallanes, vimos de noche hacer tres fuegos, y paresciendonos que era señal por que los que traian los fuegos andavan por la playa, y pararonse enfrente de una Isleta pequeña que estaba á la mar de nosotros, y en levandonos por la mañana vimos venir atravesando once canaluchos cargados de gente, los quales venian desta Isleta pequeña huyéndola, y desamparando la Isla por la seña que la noche de antes les havian fecho: y ansi pasamos por barlovento de estos canaluchos, que si los quisieramos embestir bien pudieramos, antes no quisimos arribar sobre ellos por no metelles temor: ansi se fueron á la Isla donde se les hizo la señal. La Isla donde estos salieron, tenrá un tiro de ballesta, y sin arboleda, cercala toda un arracife, de tal manera, que con pasar dos leguas della fuimos por dos brazos y tres, quatro ó cinco horas, corriendo con buen tiempo, dexando la Isla de Cabo de Matanzas, y entrando por la de donde mataron á Magallanes. Entre esta Isla y muchas Islas que estan de la parte del Norte, que son Islas muy pequeñas, vimos las Islas pequeñas de fuera tan cerca de la Isla donde mataron á Magallanes, que me paresció no haver parte por donde salir, por ver tantas Isletas por la proa, y visto esto se fué el Piloto á la Gavia, y dende allí vió que devian (sic) estas Islas á la de donde mataron á Magallanes, y fuimos corriendo con la sonda en la mano por quatro y tres brazas, por que aunque rodeamos treinta leguas ni quarenta no hallaramos mas agua de aquestas tres brazas, por lo qual antes y despues vimos, que los naturales que en estas Islas se crian, tengo entendido que si caminan diez leguas por entre estas Islas se perderan, por que en cada diez leguas hay cien Isletas, y todas pobladas de gente y especeria; y ansi yendo por las tres brazas vi por la proa á una mancha prieta, y fué el Piloto á la proa y conoció que era baxo y mandó que fuese á orza de golpe, y con las velas encima dimos fondo á una ancla, y quando cayó el ancla dexó el cepo encima del agua; y visto el Piloto que estavamos encima del placel, mandó tomar las velas muy de presto, y acabadas de tomar empezó el Navio á dar culadas en el baxo, y viendo esto el Piloto mandó echar el trinquete arriba para que con él y la Mesana saliese fuera el Navio, y ansi como levantamos el ancla tomava el Navio ruin buelta, y todas las veces lo hacia ansi, por respecto de la mucha corriente que aquí andava en este placel, y no sabiendo el Piloto que hacer, acordó que con la verga de la cevadera botasen dos hombres el Navio para que tomase la buena buelta, y ansi salió el Navio sin daño ninguno, y fuimos corriendo de luengo destas Islas siempre por mucho placel, aunque en algunas partes se podia dar fondo por ser limpio.

Yendo dexando estas Islas donde mataron á Magallanes pareciome que quedaban todas estas Isletas, y otro dia de mañana emprincipiamos á costear la costa de la Isla del Cavo de Macadaos, y vimos por la parte del Norte dellas tantas Islas como las de atras, que si temor tuvimos de las pasadas mucho mas en ver estas por el mucho arrecife que tenian, y por las grandes corrientes que havia, que nos ponian cada dia en tanto travajo y la noche en mucho mas, que ya no havia hombre en el Navio que se pudiese tener con dar fondo y tomar velas, y de velarnos de los Enemigos, y velar el cable, por que si perdiamos el ancla no nos quedava otra, que este era el mayor travajo que en el Navio se sentia. Dexada esta Isla de Macadaos vimos otras muchas Islas sin baxos ni placel ninguno, sino de mucho fondo, y en esto conosció el Piloto ser las postreras Islas: yendo corriendo entre ellas vimos muchos Pueblos cerca de la mar, y Islas de muy buen parecer, no pudimos dar fondo en ninguna dellas, y ansi pasamos de largo; y una tarde que fué Jueves Santo en la tarde yendo prolongando una Isla grande, que al U-este dellas havia otras Islas grandes y altas, y al Leste no parescia ninguna, y ansi entendimos que era el cabo de todas las Islas, y el agua corria por fuera reciamente, quisimos desembocar por vernos ya fuera de tanto travajo, vió el Piloto reventar un arrecife por la proa, mando arrivar por dar esta noche fondo en la Isla, y esperar á la mañana, y estando cerca desta Isla se hizo muchas Islas, y en medio no havia fondo, y el agua corria tan recio que nos metió por una angostura que apenas cavia el Navio, y el sol puesto y la noche escura, y los Indios de la una banda y de la otra tocando cornetas y bozinas, que sonaban dos leguas y mas, y el Navio por esta angostura dando muchas bueltas por causa de la mucha corriente y poco viento, que no havia ninguno: fué tanta la corriente que en un quarto de hora anduvimos quatro ó cinco leguas[10] yendo por este estrecho, con arto travajo y temor de que no nos acosase el agua ó algun baxo donde nos perdiesemos, que segun lo que viamos aquella noche no podia ser menos: andando en este travajo vimos atravesar un canalucho cargado de gente á dar aviso á la otra vanda del estrecho, el qual llevaba la sonda en la mano: dixo, fondo, y ansi con vela y todo dimos fondo á una ancla, y tomamos presto nuestras velas, y quando el Navio vino á hacer por el amarra echava fuego el abita[11], ansi largamos el cable hasta la punta, y ansi estuvimos el primer quarto en vela que menguava el agua, y de media noche abaxo principió á venir la creciente, venia con tan gran peso de agua que parescia que se abria la tierra, y en esto conosció el Piloto que era macareo, y ansi se fué á popa y se puso cabe al del timon mandandole governar toda la noche; yo quedé á proa encomendando la via, porque á tomar el Navio atravesado la corriente tampoco aprovecharan diez cables como uno, y luego en amanesciendo el agua fué pleamar, y mandó el Piloto á un Marinero subir á la Gavia, para que mirase por la parte de la mar si rebentaba algun arrecife, y dixo, que no havia ninguno, sino las Islas que nos tenian cercados; y queriendonos levar vimos venir cinco canaluchos toldados y empabesados que parescian Galeras; y en cada uno venian cien hombres: llegaronsenos por popa y comenzaron á alzar las manos en señal de paz, y nosotros hizimos lo mismo, y llamandoles que se llegasen á bordo, deciannos por señas que fuesemos á su Puerto; y tan claro lo decian como uno de nosotros, por que preguntaban por el Capitan y Piloto, nombravan Navio y Batel. Ya que estavan cerca de bordo meneó un Marinero un berso de los que estaban para en defensa nuestra: viendo esto ellos hizieron ciaboga con los canaluchos, de manera, que no osaron llegar á bordo: paresceme que estos contratan con Portugueses, de Maluco, por que estan muy cerca destas Isletas; y de alli nos hizimos á la vela la buelta de la mar, aunque con mucho travajo por doblar la Isla que teniamos mas cercana, huvieramos de dar á la costa por falta de viento, y ansi anduvimos aqui dos dias barloventeando, aunque por la parte del U-este no havia Isla ninguna, y esta noche nos quadró bien el viento y fuimos por el tenor deste, y pensando que haviamos doblado todas las Islas amanescimos con Islas de Cavo, y tanto en tierra que de una buelta ni de otra la podiamos doblar, y ansi nos dexamos ir de aquella buelta pareciendole al Piloto que era lo mejor, y el viento cada vez nos abonanzava, y la mar mucha que nos arronçaba en tierra, y hechose la sonda abaxo muchas veces no se halló fondo ninguno de que nos pesó arto, por que alli no havia remedio si no era con dar fondo, y como vi que no lo havia acordé que sacasen remos y remasen todos, y ansi travajaron todos este dia todo lo que se pudo trabajar, y andando con este travajo nos proveyó Nuestra Señora con un poco de viento con que doblamos esta Isla con el costado de luengo de un arrecife que della salia; y vistonos fuera desta Isla que no havia otra ninguna, y no saviendo que camino llevasemos, por que bolviendonos á meter en estas Islas era perdernos, hablé al Piloto y le dixe: que ya veia en la parte que estavamos, que era fuera de todas las Islas: el me dixo, que lo que á mi me paresciese y mas en servicio de S. M. fuese, se hiciese: yo le dixe, que mirase bien lo que deviamos hacer en esta navegacion, y que procurase tomar derrota y camino que fuese en servicio de Dios y de S. M. y del salvamiento de todos; y ansi estando pensando lo que haria, tomando la carta en las manos tanteandolo muy bien, y visto los inconvenientes desta navegacion me dixo, que lo mejor dello era dar buelta á la Nueva España, pues venia el verano y metidos en el altura por la parte del Norte nos quadrarian los tiempos y harian nuestra navegacion, y que ansi era mejor que no ir en poder de Isleños, ó de Portugueses, como las demas Armadas han hecho que á esta tierra han venido; é yo entendiendo esto, le dixe, que mi parescer era aquel, que mas queria morir en la mar en servicio de S. M., que no perescer entre esta gente, y que pues el intento de S. M. era descubrir esta buelta, y nosotros no podiamos topar el Armada, que mi determinacion era acavar este viaje ó morir, y ansi hablé á Pedro de Rivero y le dixe, que él y el Piloto baxasen á ver los bastimentos y que viesen el agua, y pan que teniamos, y hallaron ocho pipas de agua y veinte quintales de mazamorra[12] por que en aquello se havia convertido el vizcocho, y haba y garvanzo; y ansi bolvieron y me dixeron lo que havia, y que á las pipas del agua les faltava á quatro y á cinco arrobas de agua, y luego hize proveer un hombre que tuviese cuenta con ello, y todas las veces que se dava racion abaxava uno de nosotros á vello, pues nos iva la vida: sabido por alguno de los que en el Navio venian la determinacion mia, andavan medio amotinados por verse cerca de los Malucos, que habria como veinte leguas, y decian que en ellos havia Portugueses, y que á la Nueva España havia dos mil leguas, y que era imposible descubrirse por el ruin recaudo que llevabamos de bastimentos, y de todo lo demas que havian oido de las demas Armadas; y ansi quisieran ir mas á los Malucos que no venir acá; pero no era parte ninguna cosa, por que mi determinacion era lo que tengo dicho, y dexallo en las manos de Dios y de su bendita Madre, en el nombre de quien dexamos esta Isla de Cabos para dar principio en esta nueva Navegacion.

LA VUELTA.

Y luego el dia siguiente que fué dia de Pasqua de Resureccion que se contaron veinte y dos dias de Abril de este presente año de mil e quinientos y sesenta y cinco años, nos hizimos á la vela en demanda de la Nueva España, y ansi como partimos fuimos navegando al Norte por ser la brisa escasa, y el otro dia del Nor-nordeste, y quando nos fuimos apartando de la tierra ansi nos iva el viento alargando: pasados quatro dias ivamos corriendo á Leste y Les-Nordeste para meternos en el altura é ir en demanda del Pago mejor, que es una Isla grande que está treinta grados, y de la parte del Sur tiene tres ó quatro Islas pequeñas, y de la banda del Norte tiene la tierra firme de la China muy cerca, segun la carta lo demostrava, y segun las señas que vimos de palos y aves de la tierra y corrientes las quales nos favorecieron mucho: haciendose el Piloto cerca desta Isla nos dieron unos aguazeros con mucho viento Susueste, con el qual pasamos entre esta Isla del Pago mayor y las demas que quedavan al Sur, sin ver ninguna dellas, y paresciendole al Piloto que havia pasado por ellas, mandó governar al Nordeste, por que hasta allí venimos al Este por dar en estas Islas y ansi fuimos por el Nornosdeste corriendo hasta meternos en altura de quarenta grados, y llegados que fuimos á treinta y uno descubrimos un peñol del tamaño de una casa pequeña, y tan alto que dudo haver en el mundo torre mas alta, ni á un tanto é sin baxo, ni arrecife ni otra cosa cabe él, sino sola la mar; havitan en este Peñol unos Alcatrazes mayores que Abestruzes; y ansi fuimos corriendo por el Nordeste, y antes de llegar á los quarenta grados nos seguian unas Pardelas negras dando muchos gritos de dia y de noche; y tan espantosos que ponian grima á quien las oia, por ser aves que jamás Marineros las havian visto gritar: yendo corriendo hasta los quarenta grados por este rumbo nos cargó mucha brisa con la qual estuvimos ocho dias mar en través: corren las aguas á la vanda del Norte, por que haviendonos puesto mar en traves en quarenta grados que no tomamos el altura dentro de ocho dias nos hallamos en quarenta y tres grados por la causa de las corrientes con arto travajo, y estando ansi vimos venir nadando á bordo un perrillo de la mar con sus pies, y manos, y colas y orejas naturalmente, un raposo; y despues vimos otros, y uno se vino á bordo y nos comenzó á ladrar, cosa de que todos nos admiramos, por que entiendo que no hay ninguno que los haya visto: tambien vimos por este golfo pejes puercos del tamaño de una baca. Estando en esta altura fué tanto el frio que pasamos, que en ninguna parte creo lo hace mas en Ivierno, aunque nosotros veniamos en medio del Verano que fué por Junio y Julio; paresceme que en tiempo de Ivierno pasaran trabajo los que por alli navegaren; pero con venir aforrados lo pasaron todo: hay grandes serrazones, tanto, que en treinta dias no vimos sol ni estrella, y ansi venia el Piloto corriendo á tiento y por espiriencia; aqui vi á onze de Junio dia de San Bernavé que es el mayor dia de todo el año conforme á la altura que estavamos, nebada toda la cubierta, y duró hasta medio dia, y debaxo de cubierta teniamos una bota de aceyte, y se heló de tal manera que sino fué puesta al fuego no queria salir, y aun ansi salia á pedazos como manteca.