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(Año de 1555.)—Relacion y estrago que los franceses cosarios hicieron en la villa de la Abana e puerto della dirigida a la S. C. C. M. del Emperador y nuestro Señor, e a los muy altos e muy poderosos señores Presidente e oidores de su real Consejo de Indias para que S. M. sea advertido de todo lo que ha sucedido conforme a esta dicha relacion quel Cabildo desta dicha villa le envia para que S. M. con brevedad provea en el puerto lo que más convenga a su servicio.—(Colec. Muñoz, t. LXXXVII, fol. 184.)

En 10 de julio pasado deste presente año de 1555, miercoles, rompiendo el alba, pareció detras del Morro deste puerto una carabela latina, e vista por la guarda que en él estaba, puso luego una bandera en el dicho Morro, como lo acostumbraba hacer siempre que parecia vela en la mar, e luego vista la dicha bandera por el alcaide Juan de Lobera, hizo poner en lo alto de la torre otra, y tiró un tiro de artilleria para que ocho ó nueve hombres que estaban nombrados para acudir á la fortaleza, se recogiesen a ella, e para que toda la demas gente questaba en el pueblo y en los alrededores estuviese prevenida y avisada que había vela en la mar, el cual aviso siempre se acostumbraba a dar en la dicha fortaleza cada e cuando que parecia vela, y ansi mismo hizo tocar atambor á recojer, bien descuidado de lo que despues sucedió, e de ahi a poco el Gobernador llegó acaballo con algunos vecinos e se apeó en la fortaleza e preguntó a el alcaide que que navio podria ser aquel que parecia, y él le respondió que no tenia nueva que navio fuese, y emproviso, estando mirando hacia la boca del puerto fue pareciendo una caravela latina e pasando por fuera costeando el puerto, en la cual no pareció gente nenguna y echáronse muchos juicios diciendo que era del Nombre de Dios de un Alonso Gomez, que muchas veces solia venir a este puerto, y en este medio tiempo algunos acaballo habian acudido por la costa adelante a tomar lengua y saber que caravela era, e vieron que la dicha caravela se metia mucho en tierra en una caleta un cuarto de legua abajo deste puerto, e que echaba gente en tierra con una barca grande y otra pequeña, e la gente que echaba era armada con coseletes y arcabuces, con sus banderas tendidas y atambores, con su capitan, que habia nombre Jaque de Sores, luterano, y la gente que desembarcó y echaba en tierra serian poco menos de doscientos soldados en buena orden, y con su capitan comenzaron a marchar por un camino que de la dicha caleta viene por el monte, bien encubierto, a salir a la plaza deste puerto, donde salió el dicho capitan con su gente sin contradicion alguna, sin haber quien se lo resistiese ni estorbase el desembarcar ni la entrada.

E visto por los de acaballo, que habian ido por la costa a reconocer que eran enemigos, vinieron a mas correr de sus caballos por la costa hasta que llegaron a la fortaleza, dando voces al Gobernador que en ella estaba con el alcaide, diciendo que eran franceses y que habian desembarcado en tierra doscientos hombres armados. E sabido por el Gobernador que eran enemigos, porque asi se lo habian dicho, muy apriesa y bien turbado se salió de la fortaleza sin hablar palabra al alcaide, que le dejó de parecer no estaba muy seguro en ella, como despues se vió, y dejó al alcaide solo, porque los que allí estaban se salieron acaballo con él, y él se entró por una calle del pueblo derecha a su casa, a poner en cobro su hacienda, mujer e hijos, e luego se salió huyendo y sacó algunos de acaballo consigo, sin haber quien le echase de su casa e pueblo, sin ver si eran amigos ó enemigos, e no paró por tierra hasta una estancia legua y media de aquí, ques de Juan de Rojas, y allí paró un poco acaballo, e los que con él iban le dijeron que porqué dejaba sola la fortaleza y artilleria, e respondia que luego volveria con socorro de gente, e luego pasó adelante a un pueblo de indios que se dice Guanabacoa, tres leguas deste puerto, donde su mujer y hijos y hacienda estaba ya en salvo, e aunque algunos vecinos, entre los cuales fue un Pero Blasco, regidor de aquí, le dijeron e dijo que porque desmamparaba el pueblo, que no parecia bien que se saliesen tan arrebatadamente, que mejor seria que se recojesen todos á una estancia de un vecino de aquí, que se dice Diego de Soto, questa bien encubierta y secreta, un cuarto de legua deste puerto, en la cual estaba platicado entre él y el cabildo y vecinos deste pueblo, que en habiendo algun rebato, si se saliesen del pueblo desbaratados se juntarian todos en la dicha estancia, e desde allí volverian sobre el enemigo, si necesario fuese, e muchos vecinos, con mas de cincuenta personas de negros y indios estubieron allí recogidos aguardando al Gobernador, y él lo hizo muy al reves de lo que estaba comunicado y platicado, pues no paró hasta tres leguas deste puerto, e como todos los demas de los vecinos vieron que se habia ido huyendo y no se habian juntado allí, cada uno procuró de ponerse en cobro y hacer lo mismo que él hizo, y algunos que quisieron esperar o recojerse juntos, los llevó y sacó consigo para guarda de su persona por llevar mas seguridad, y como faltó la cabeza, se erró todo, que fue harto mal.

E luego el alcaide Juan de Lobera, visto que eran enemigos y el Gobernador le dejaba encorralado, hizo tirar otro tiro grueso para que se recojese alguna gente a la fortaleza para guardar el artilleria que tenia puesta en un baluarte para defensa del puerto, y con él se recojeron en la torre cuatro arcabuceros y hasta otros diez o doce hombres, entre españoles, mestizos y negros, sin otras personas, viejos, mujeres y niños, que se habian entrado a mamparar y socorrer a la torre y terraplen, pensando que les aprovechaba, porque los enemigos franceses estaban ya apoderados en todo el pueblo y en cuatro piezas de artilleria questaban puestas en un bestion en la marina, cerca del puerto, de Juan de Rojas, y estaban saqueando y robando todo cuanto en él hallaban, asi casas como iglesias, hasta el Santisimo Sacramento y custodia dél, porque no hallaron quien se lo impidiese y resistiese. Y el alcaide con buen ánimo se comenzó en la torre y terraplen aparejar, recelándose de lo que sobrevino, y tocó al arma, haciendo muestra que tenia resistencia, y peltrechose lo mejor que pudo, como buen capitan, segun la posibilidad de gente y fuerza que tenia, dando a entender que no tenia en nada a los enemigos, e luego que desde la torre los vió apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria que en el baluarte estaban, las cuales habian dejado desmamparadas, determinó descrebir una carta al Gobernador con un vecino de aquí que se llamaba Martin Ruiz, diciéndole en ella la flaqueza que se habia hecho en desmamparar el pueblo, y pues que lo pasado no tenia remedio, remediase lo porvenir, para que luego aquel dia o aquella noche diese socorro a la torre y artilleria, pues sabia la poca posibilidad de resistencia que dentro habia para resistir el poder de los enemigos, que estaban apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria, y que si el socorro no se daba con alguna gente de indios y negros y españoles, que se aventuraba a perder mucho, e luego con el mismo vecino le tornó el Gobernador a responder a su carta diciendo en ella que tuviese cierto quel daria el socorro aquel dia antes que anocheciese, porque no habia salido del pueblo a otra cosa, que bien sabia que en la tardanza podia suceder algun peligro, y tan mal cumplió lo que estaba comunicado de antes, como en dar el socorro, pues no le dió, que fue cabsa de todos los daños que sucedieron en la fortaleza y artilleria y otros mayores, porque si le diera aquella noche el socorro, los enemigos quitaran el sitio que tenian al terraplen, y no se perdiera ni sucediera otros muchos males que sucedieron, como en adelante se declaran.

Viendo el capitan frances Jaque de Sores, luterano, questaba apoderado en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria questaban en el baluarte en la marina, luego a la hora embió a requerir al alcaide con un hombre de aquí, que se llama Oliver, que tenia preso, que le diese la torre y artilleria sin combatilla, porque si se la resistia a él y a los que con él dentro estaban, les cortaria las cabezas y moririan mala muerte, y el alcaide le respondió al faraute que traia el recabdo, quel tenia aquella artilleria por S. M. y que no la daria, sino que procuraria de defendella, y que no pensase tomalla tan a su salvo como tomó el pueblo y la otra artilleria. Y vuelto con la respuesta el Oliver al capitan frances, lo que el alcaide le dijo, improviso imbió otro faraute, capitan suyo español que se decia Juan de Plan y apartado de fuera de la muralla, a voces dijo que queria hablar al alcaide, y un soldado de los que en la torre estaban, le respondió a voces que qué queria, y dijo que le dijese que se parase entre un almena de la torre, que le queria hablar, y el alcaide se paró entre un almena y le dijo «qué quieres», y el frances ó español le respondió que fuese bien criado, que al enemigo no se le habia de decir ruines palabras, y el alcaide le respondió, que ruines palabras y ruines obras, las cuales pasaron por manera quel capitan le requirió de parte del frances que le dejase el artilleria y se saliese, que no le hobiera sido malo segun despues le sucedió, porque de prisioneros que el frances había tomado en el pueblo estaba informado que dentro no habia gente que lo defendiese, ni era fuerza ni plaza para poderse defender, que bien sabia que dentro no tenia peltrechos algunos para defenderse, y que mirase que no diese cabsa a que muriese él y todos los que con él estaban, y con algunas palabras ruines se despidieron a voces altas, el alcaide desde arriba, y el capitan buen trecho apartado afuera de la muralla, y el alcaide le dijo que bien conocia fieros de franceses, y no lo fueron, segun despues pareció, y con este desprendimiento, un soldado de los arcabuceros enemigos tiró un arcabuzazo al alcaide, que a no desviarse tras una almena, lo matara, y luego emproviso llegaron hasta 50 arcabuceros con algunos coseletes e pusieron sitio a la muralla e puerta della y comenzaron a batilla y a ojear los de arriba, por ganar la puerta primera de la muralla, que era dos tapias en alto, y el alcaide con cuatro arcabuceros que en la torre tenia, se la defendió y fueron bien servidos, de suerte que por entonces no se entró ni ganó la puerta ni muralla, y de ahi a media hora se retiraron los enemigos afuera, e luego pareció por la boca del puerto una gran barca con alguna gente, que era la que habia salido de la caravela en tierra, y el alcaide la hizo retirar con el artilleria y la hizo salir fuera y no dió el socorro a los suyos, y de ahi a otra hora vino otro escuadron de arcabuceros y coseletes a tomar sitio donde lo habia tomado la primera vez, y ansi mismo la combatieron con el arcabuceria, y el alcaide se la tornó a defender mejor que primero, haciéndoles con los cuatro arcabuceros algun daño en los suyos, por donde les convino tornarse a retirar otra vez, como primero lo habian hecho. Y acabada esta segunda bateria que seria a las tres de la tarde, asomó una nao gruesa de tres gavias y la caravela latina en que habian desembarcado, detras del Morro, en la boca del puerto con sus banderas y estandartes, y viendo el alcaide que la dicha nao y caravela que acometian el puerto y entraban por la boca del, que era la francesa que los enemigos habian dejado en la mar, la comenzó a combatir con el artilleria gruesa con harta priesa, y combatiéndola la hizo tornar a salir fuera del puerto mal parada, e les impidió la entrada, de suerte que no pudieron dar socorro a los suyos questaban en tierra. Y visto por los enemigos que la gran barca y nao y caravela no habia tomado puerto, y el alcaide los habia combatido y echado fuera, salió luego un escuadron de los enemigos junto a la marina con una bandera, la cual con una muy gran grita la pusieron en un tejado de la hermita cerca de las casas de Juan de Rojas, y el alcaide hizo jugar el artilleria que sirvia a la tierra e hizo desbaratar el escuadron y quitar la bandera que tenia puesta encima de la hermita.

E viendo los enemigos que con ninguna cosa de las que habian intentado no habian salido, en cuanto tomar el artilleria y el puerto, y que en todo habia llevado lo peor, siendo ya tarde, dos horas antes que anocheciese, el capitan frances hizo escuadron de toda su gente de arcabuceros, piqueros, coseletes, con bandera tendida, con sus atambores, vinieron por una calle derecha hacia la puerta de la muralla, con toda su gente tornó a poner sitio la tercera vez donde las otras, y a combatir la torre con toda el arcabuceria, y viendo el alcaide que venia determinado el escuadron, hizo jugar dos piezas de artilleria que servian a la tierra y con ellas les hizo algun daño antes que llegasen a tomar amparo con la muralla de las dos tapias en alto, y ansi combatiendo la puerta para entrar y el alcaide con los cuatro arcabuceros defendiendo la dicha muralla y puerta todo lo a él posible, aunque no fue parte para resistir a los enemigos que no echasen fuego a la puerta de la muralla, que era de tablas bien secas, y la cual quemaron con ciertas bombas de fuego y alquitran y serones de brea, por manera que presto con los géneros de fuego, ardió, que no tardó una hora que no estuviese quemada toda, e luego probaron por ella a entrar, que junto con las esquinas de la muralla pusieron sus escalas, que traian para aquel menester, porque un piloto traidor portugues que se llamaba Pero Bras, y un mozo extranjero que habian tomado en la carabela latina, que saltaron en tierra, que habian estado en este pueblo un año y fueron los que le vendieron, y dellos venia el frances bien informado y avisado como la fortaleza no era nada ni tenia resistencia ni gente que la defendiese, y otras cosas de que se informó segun bien claro despues pareció; estos dos traidores y espias fueron todo el daño desta tierra, como ladrones de casa.

Y puestas las escalas probaron a entrar y subir las dos tapias en alto por algunas partes, aunque el alcaide de la torre les hacia harta resistencia y se les dió buenas ruciadas con los cuatro arcabuceros, mas al fin no fue parte para empedilles la entrada, aunque no fue tan a su salvo, que fue con pérdida y daño de su gente; el alcaide les mató nueve hombres y despues les hirió catorce bien malamente, y a él le mataron dos arcabuceros de los cuatro que tenia, y le hirieron otros dos de muerte, y al dicho alcaide le dieron dos arcabuzazos bien venturosos, sin hacerle mucho daño, porque era tanta el arcabuceria de los enemigos de abajo, que no habia hombre de los questaban en la torre e algunos que estaban en el terraplen que se asomase ni pudiese descubrir sin muy gran peligro y daño, porque nenguno era señor de asomarse, especialmente en el terraplen, que no habia reparo nenguno para poder ofender a los enemigos que fuera estaban.

Y entrado los enemigos en el cortijo de dentro, se apoderaron con la torre y las murallas, de suerte que no se les podia hacer daño con las dos piezas de artilleria que servia a la tierra, ni con las demas que guardaban y servian para la mar y boca del puerto; por manera que con ningun arma sino era piedra no se les podia ofender. Y apoderado el frances dentro, como decimos, con la demas parte de su gente probó a poner fuego a la puerta de la torre, que era de madera bien seca y feble, con los artificios de pólvora y alquitran y brea con que habia quemado y volado la otra, y aunque el alcaide y dos soldados que con él habian arriba quedado, con mucha piedra que en la torre habia se lo defendieron todo lo posible, de suerte que por entonces no hubo efeto de quemarse la puerta, sino que luego de ahi a poco no fueron parte para resistirsela, aunque los enemigos lo hicieron con algun daño de los suyos, segun a la mañana pareció por algunos heridos, aunque a coseletes no hace mucho daño la piedra; por manera que luego comenzo toda la puerta de la torre a arder con gran impetu sin se poder remediar por de dentro, aunque el alcaide habia prevenido questuviesen algunos abajo que echasen agua y tierra a la puerta para apagallo, y él abajo a toda priesa a hacello apagar, con un español e tres negras, e con mucha tierra que se echó y con seis pipas de agua questaban en la torre, que se gastaron en quererlo apagar, no fue posible que luego todo el sobrado, que era de tabla, e todo lo alto de la torre habia volado y estaba ardido y quemado sin ningun remedio, asi todo lo que dentro estaba, la ropa del alcaide y de su mujer y hacienda, como todas las demas municiones, sin que se sacase ni escapase cosa alguna, sino fue alguna pólvora quel alcaide hizo sacar al terraplen donde estaba el artilleria que a no tener aviso de sacalla mas breve, se quemara y volara la torre, y el alcaide con un soldado que se llamaba Rodrigo Martin, y otro mozo, se pasaron de la torre questaba casi quemada al dicho terraplen donde estaba el artilleria, con harto peligro de su persona, porque algunos de los que estaban en el terraplen, no pensaron sino que se habian quemado, e no se sacó al dicho terraplen ballesta ni arcabuz, porque de seis arcabuces buenos que en la torre habia, que parecian que aprovecharian de algo al alcaide, se le habian rompido los tres combatiendo, porque eran algo viejos y estaban pasados del mucho tiempo que habia questaban alli; por manera que no sacó de la torre al terraplen sino las armas con que estaba armado y una partesana en las manos, y aunque algun arcabuz ó ballesta saliera en el terraplen, no habia hombre que la supiese tirar, porque si lo hubiera, desde el principio el alcaide los hubiera subido a la torre y desde el principio se aprovechara dellos en todas las baterias y el alcaide preguntó en el terraplen que arcabuces y ballestas habia, y no se halló en todo el terraplen sino una ballesta que tenia un vecino de aqui, que se decia Joan Jinovés, e con ella dijo que no tenia saetas nengunas, porque las habia despendido, que en no haber en el terraplen arcabuceros para defender el artilleria fue todo el daño y perdicion, aunque todavia con las dos piezas de artilleria que sirvian a la tierra, ojeaba a los enemigos la una parte de las murallas que parece que duró la ultima bateria de las tres que aquel dia y noche se dieron, hasta tres horas despues de media noche, que fue harto segun la posibilidad que habia, que no se pensó jamás hubiera tanta resistencia, e pasada parte desta bateria, luego los enemigos desvergonzadamente se subieron por las murallas de las dos tapias en alto y tomaron y cercaron todas, y por ellas andubieron y andaban los coseletes y arcabuceros jugando con su arcabuceria, que no habia nadie de los questaban en el terraplen que fuese señor de asomarse a mirar las murallas, e todavia el alcaide hacia jugar el artilleria que servia por la una parte e tocar el atambor de arma falsa para hacer entender a los enemigos que todavia habia fuerza y resistencia en el artilleria, porque no tomasen tanto coraje en haber quemado la torre y tomado las murallas ni andar tan desvergonzadamente por ellas, aunque bien debian de ver que pues no les ojeaban dellas como de antes lo habian hecho, no habia de haber en el terraplen mucha resistencia, pues no habia nenguna con que podellos ofender. E visto el alcaide que en el terraplen no tenia reparo ni arma de arcabuz ni ballesta para ofender ni defenderse de los enemigos que le tenian quemada la torre e tomadas todas las murallas con el artilleria no servia para podelles hacer ningun daño, y quel socorro quel Gobernador habia escrito que le daria no se lo habia dado ni dió, viose bien perdido, porque quemada la torre no habia medio de defender el artilleria, especialmente no habiendo con que ni gente, aunque con todo esto tuvo harto ánimo e hizo tocar muchas veces el atambor y disparar alguna artilleria e tañer una corneta para que todavia el Gobernador e algunos de la tierra viesen que aunque habia sucedido todas las baterias, estaba por nosotros todavia el artilleria, e tambien para que los enemigos no tomasen ánimo e conociesen que no habia punto de desmayo de nuestra parte, y fuera tan bueno y provechoso el socorro a aquella hora, que con solo una grita que se diera a los enemigos por las espaldas de las murallas, que se pudiera hacer bien al salvo, fuera parte para que quitaran el sitio y descercaran el artilleria por entonces, porque estaban los enemigos con perdida de muertos y heridos e bien cansados del trabajo del dia y noche, y pequeño socorro que entonces se diera hiciera gran provecho al alcaide. Y visto que le faltaba y que no habia poder para resistir, y que le tenian encerrado en el terraplen y algunos que con él habian quedado daban gritos diciéndole que se diese ó se saliesen por las murallas por las espaldas del terraplen, como algunos lo hicieron, y que dejasen el artilleria porque no muriesen alli todos quemados e todas las mujeres e niños e viejos que se habian entrado a socorrer alli, porque si alguna bomba de las que echaban de fuego, diese en la pólvora questaba descubierta, todos se abrasarian y quemarian en el terraplen, y él les respondia que no hubiesen miedo, e otras veces les respondia que antes habian de morir todos quemados que dejar el artilleria de su Magestad, e que no podia tardar el socorro quesperaba, que fue todo el daño en no dársele, que se pudiera muy bien hacer, porque aquella noche les habia enviado Juan de Rojas una fragata con cantidad de negros suyos de la otra parte del ancon donde habian de venir todos a embarcarse para que en ella y en canoas se diese el socorro para venir por las espaldas a echar la gente tras el terraplen, sin que de noche fueran vistos de los enemigos. Y el Gobernador, sabido que la fragata estaba esperando para embarcar la gente, embió a mandar que se volviese, que por entonces no habia lugar de ir, que fue harto mal.