En cada toldería tienen su adivino, á quien llevan consigo cuando van á invadir alguna parte, y mientras no están cerca, por las tardes ó á la noche, se ponen á adivinar. El modo es clavar todas sus lanzas muy parejamente, y al pié de ellas es que su dueño sentado, poniéndose en medio, al frente el adivino, y detras de él todas las indias, y teniendo en la mano dicho adivino un cuchillo, comenzándolo á mover como el que pica carne, entona su canto al que todos responden, y de allí á media hora, poco mas ó menos, comienza el adivino á suspirar y quejarse fuertemente, torciéndose todo y haciendo mil visajes, siguiendo los demas dicho canto, hasta que allí á un rato, que pega un alarido muy grande, se levantan todos. Preguntándole el cacique, (quien está en la derecha del mencionado adivino, con un machete en la mano) sin mirarlo á la cara, todo lo que él pretende saber, él le vá respondiendo lo que le dá gana, y esto lo creen tan fuertemente, que no hay razones con que convencerlos, aunque les sale todo nulo: pues están persuadidos que con aquel canto que hacen vieron el gualichu, que así llaman al diablo, y que este se introduce en el cuerpo del adivino, y les habla por él, revelándole todo lo que quieren saber. Despues de concluido le dan á beber un huevo de avestruz crudo, y agua, haciéndole fumar tabaco, que es el regalo que le hacen al gualichu, dándole al adivino vómitos fingidos: y entonces comienzan á gritar todos, y echando fuego al aire, que tienen prevenido, se despiden de dicho gualichu, que dicen sale del cuerpo del adivino, y se retiran á sus toldos.
Sus médicos son como los adivinos, pues estando alguno enfermo, sea del mal que fuese, llaman á la médica, y puesta al pié del enfermo, y todos los amigos y parientes en rueda, toma la dicha médica unos cascabeles en la mano y comienza á sonarlos, cantando al mismo tiempo, á lo que todos responden: y de ahí á poco rato comienza á quejarse y torcerse toda con muchos visajes, y comenzando á chupar la parte que al enfermo le duele; está así mucho rato, prosiguiendo los demas cantando. La médica escupe y vuelve á chupar, siendo esta la medicina que le aplican; y vimos en una ocasion que una gran médica de estas dejó á la muger del cacique Lincon, tuerta, de tanto chuparle un ojo, por haberle ocurrido en él un humor: esto lo sobrellevan muy gustosos, en la inteligencia que pende del gualichu.
Las casas ó poblaciones son de estacas de tres varas, y cueros de caballos, por los lados y techos, que ellos les llaman suca y nosotros toldos. En cada uno vive una familia, y en medio de dichos toldos tiene el cacique su habitacion, la que no es fija, pues en un parage viven un mes, en otros quince dias ó veinte, con cuyo motivo es difícil dar con ellos.
No tienen subordinación á sus caciques, pues cuando quieren, dejan á uno y van á vivir con otro; y si el cacique emprende ó tiene que hacer alguna empresa, á todos se lo comunica y cada uno dá su parecer.
Cada uno tiene las mugeres que pueda comprar, y viéndose aburrido de ellas las rende á otros; y si llegan á tomar algunas cautivas, luego que llegan á sus toldos se casan con ellas: y si dichas cautivas, mas que sean indias, no van contentas, luego las lancean y las arrojan del caballo, y aunque estén medias vivas, las dejan.
El trabajo de ellos se reduce á tomar yeguas y potros silvestres, cazar zorrillos, leones, tigres y venados, de cuyas pieles hacen las indias quiapís y guasipicuás, y de las plumas de avestruz hacen plumeros, siendo ellas las que todo lo trabajan, pues les dán de comer, cargan las cargas, mudan los toldos y los arman: y aunque las vean los indios, quienes están echados de barriga, no se mueven á ayudarlas en nada; antes sí, si es poco sufrido, se levanta, y con las bolas que nunca las dejan de la cintura, le dan de bolazos, y á esto no llora ni se queja la india.
V.
_Diario de D. Pedro Pablo Pabon, que contiene la explicacion exacta de los rumbos, distancias, pastos, bañados y demas particularidades que hemos hallado en el reconocimiento del campo y sierras; comisionados por órden del Ilmo. Cabildo del Puerto de la Santísima Trinidad de Buenos Aires, en 12 de Octubre de 1772.
DIA 18 DE OCTUBRE DE 1772.
A las cuatro de la tarde emprendimos la salida: á las seis paramos en la chacára de D. Juan Piego Flores, hicimos el camino de dos leguas. El dia 20 llegamos á la Villa de Lujan, habiendo caminado 12 leguas: observamos este puesto, y se halla en la latitud S de 34 grados 28 minutos.