Hasta el dia 25 continuaron los indios á venir á bordo, y en este vinieron los indios con una cautiva que era india pampa y hablaba el español regularmente: la cual dijo que estos indios no tienen adoracion, solo un poco veneran al sol, comen guanacos, avestruces y carne de caballo: que sacan de bajo de la tierra unas batatillas muy chicas, que comen ya crudas ya cocidas, y raices, que tostadas hacen de ellas harina con que componen sus poleadas, y asimismo de una semilla muy chica que parece mostaza, tambien la muelen entre dos piedras y hacen poleadas. Dijo mas, que rio arriba hay muchos indios Aucaces y Teguelches, pero que están lejos: que los Teguelches son pobres, y los Aucaces ricos, pues tienen ganado vacuno, caballar y ovejuno con abundancia: que hacen mantas, pellones y ponchos; que amazan y siembran. Dijo que estuvieron mucho tiempo entre cristianos, y que nunca vieron ni entre estos indios hubo noticia de ver otra embarcacion en este rio, ni en sus costas, ni jamas habian visto cristiano alguno.

Hasta el dia 11 Marzo continuaron las visitas de los indios: se ofreció un indio á pasar en el bergantin, que no se admitió sin beneplacito de su cacique por no digustarlos, y conseguido, lo embarcaron, y él muy contento queria arrojar al agua el pellejo con que se cubria. No pudimos salir la barra hasta esta dia, sin embargo de haberse largado para este fin el dia 28 del antecedente mes, lo que hicimos por 13 palmos de agua, y con felicidad llegamos el dia 18, donde hallamos la noticia de haber D. Juan de la Piedra seguido viage á Buenos Aires, y que se hallaba comandando aquel establecimiento D. Francisco de Viedma.

Con las noticias referidas del Rio Sauce, resolvió D. Francisco Viedma pasar á aquel parage, lo que puso en práctica en el dia 11 de Abril, que salieron del Puerto de San José, y en el dia 18 entraron la barra de dicho rio, y se dió fondo á tres leguas de la boca, y luego se continuó á navegar rio arriba hasta las seis horas de la tarde en que se fondeó segunda vez, y en el siguiente dia se subió mas arriba, como á distancia de 9 leguas de la boca del rio.

Los indios continuaron á venir á bordo, y los nuestros á tratar con ellos, dándoles de comer y algunos regalos: y sin embargo de mostrar en sus movimientos algunas desconfianzas, no hubo novedad por el cuidado con que nos manejabamos: y en el dia 23 de Abril se empezó el trabajo de levantar un fuerte, cortándose madera para él, abriendo un foso, las oficinas y ranchos precisos, habiéndose escogido terreno para el establecimiento en la márgen del S de dicho rio; lo que se continuó hasta aquel.

Dia 20 de Mayo, llegaron los toldos que tenia el Cacique Negro, que se conserva de paz con nosotros en Buenos Aires, entre los cuales venian dos negros que habian cautivado en el dristito de Buenos Aires, y una muchacha que tendria 12 años, que se rescató. El cual cacique entregó al Comandante una carta del Exmo. Virey D. Juan José de Vertiz, que se la habia confiado para conducir por tierra.

Hasta el dia 13 no hubo cosa notable que espresar: este dia creció tanto el rio, impelido por la agua del mar agitada de vientos muy frescos, que inundó toda la nueva poblacion empezada de la parte del S, creciendo el agua tres cuartas sobre el terreno: de suerte que la gente se subió sobre los ranchos para escapar, la cual no tuvo de duracion mas de media hora, ni hizo perjuicio á los géneros y provisiones, por no haberse desembarcado. Por cuya causa juzgó el Comandante, que era preciso mudarla para la parte del N en que habia terreno alto y á donde no podrian llegar las crecientes: lo que se egecutó inmediatamente, y se queda trabajando en un fortin de 55 brazas en cuadro, con su foso para cubrir las provisiones, gente y pertrechos, de alguna invasion que intenten los indios, en que se montarán algunos pequeños cañones.

Estas son las noticias que se tienen de estos nuevos descubrimientos hasta el presente.

VIII.

Diario que principia el 21 de Setiembre de 1778, en que se dá noticia de la expedicion y destacamento, que por órden del Exmo. Sr. Virey, D. Juan José de Vertiz, marchó al campo del enemigo, reconociéndolo hasta llegar á las Salinas, que se hallan en las campañas yermas del Sud.

Comandaba dicha expedicion el Maestre de Campo D. Manuel de Pinazo, y la escoltaba el capitan D. Juan de Serdens, con un destacamento, que se componia de un teniente, un alferez, tres sargentos, tres cabos, un tambor y 65 dragones. Las carretas que se conducian para traer carga de sal eran 580 y 20 del equipage, carretillas y carretones: los picadores de dichas, 600, los soldados de guarnicion, 400 entre blandeguez, milicianos y dragones, y los carpinteros, boyeros, interesados y agregados pasaban de 300. Las caballadas se componian de 2,600, y la boyada pasaba de 12,000 bueyes.