Semejantes establecimientos en sus principios, Exmo. Señor, no se pueden conseguir sin expensas y sin inconvenientes; pues si todo se hallase á medida de nuestros deseos, ni el arte, ni las diligencias y trabajos tendrian mérito.

De la conservacion de este puerto y de este establecimiento se sigue igualmente la utilidad de que nuestros navios que pasan al mar del sur, y de este al del norte, sabiendo que pueden en él recalar ó arribar en urgente necesidad, tendrán la consolacion de hallar un tal abrigo en unos mares tan tempestuosos y en los dominios de su Agusto Soberano. Bien considero que las embarcaciones que alli arriben no hallarán los socorros que necesiten; pero los podrá haber con el tiempo, formándose un depósito de los géneros mas precisos, para poder con ellos acudir á las necesidades de las embarcaciones arribadas. Y siendo las aguadas para las mismas el renglon mas importante, ninguna dificultad considero en que se vayan á hacer en el puerto del Rio Negro, que se halla tan próximo de aquella bahía, enviando los toneles ó pipas en embarcaciones que demanden poco fondo.

Parece que la Providencia ha permitido que las naciones extrangeras, principalmente la inglesa, no haya descubierto este puerto, porque si esto hubiera acontecido, sin embargo de sus incomodidades, que me parecen insignificantes, se hubiera aprovechado de él; pues ansiosamente lo ha solicitado conseguir en la costa Patagónica.

El Rey de Inglaterra, Carlos II, expresamente ordenó al Caballero Juan Narborough, pasase á reconocer el Estrecho de Magallanes y la costa Patagónica entre dicho estrecho y las poblaciones españolas, con órden de abrir, si le fuese posible, alguna correspondencia con los indios de Chile, estableciendo con ellos cualquiera especie de comercio. Las vistas de este soberano en ordenar este viage, no eran solamente de hacer alianza con estos pueblos bárbaros para intimidar á los españoles y encerrarlos por este lado, mas se extendian á otras ventajas independientes de estos motivos políticos. Consideraba que el comercio inmediato con estos indios, podria ser sumamente útil á la nacion inglesa, extrayendo por los mismos indios el oro de las minas mas ricas que los indios de Chile ocultan á los españoles, dándoles en cambio armas y municiones de guerra y otras comodidades que les hiciesen abrir sus minas; y que por la asistencia de los ingleses y su proteccion, vendrian á formar estos indios un pueblo considerable, eta. (Voyage de Anson tom. I, pág. 231.) Estos mismos pensamientos y deseos pueden aun existir, y me parece muy importante el prevenirlos en semejante caso, y mucho mas despues de llegar á su noticia esta descubierta, y teniendo noticia de ser este un puerto capaz de contener la mayor armada, y de una entrada tan fácil y segura.

Paso á reflexionar que, sin embargo de no poder entrar en el puerto del Rio Negro sino embarcaciones de pequeño porte, con todo no debemos abandonarlo, porque de las márgenes de su rio é islas, se pueden extraer leñas para el abasto de la armazon que se pretende establecer en el de San José, por ser el lugar mas vecino de este; se pueden en dicho rio hacer las aguadas para los buques que la necesiten, siendo para este y otros fines indispensable conservar aquel presidio, para que cubra y defienda de los indios estos trabajos, y para procurar de atraer estos bárbaros al comercio de ganados y caballos, que pueden pasar de allí, como han pasado por tierra 100 caballos y 80 reses vacunas el año de 1783, tiempo en que dicho Salazar pasó desde San José al establecimiento del Rio Negro: y segun la extension de aquella península y sus abundantes pastos, se podrá aumentar el ganado, de suerte que pueda ministrar carnes á todas las poblaciones que se establecen en la costa Patagónica; pues si los ingleses pretendian tener habilidad para extraer por medio de los indios el oro de Chile, y comerciar con ellos, ¿porqué no la tendremos nosotros para extraer de los indios Pampas ganado y caballos?

El descubrimiento de este Rio Negro no se ha concluido: el piloto de la real armada, D. Basilio Villarino, lo hizo hasta la latitud de 39 grados, y me parece muy conveniente que se concluya; pues con bien fundadas razones debemos arguir, que desde su orígen encamina su curso hácia las inmediaciones de la ciudad de Mendoza; y verificándose, como es de presumir, podrá dar la mano esta ciudad y las poblaciones circunvecinas, con la del Rio Negro, trayendo víveres á ella, y llevando en retorno la sal: cuya averiguacion tambien facilitaria un camino de tierra, para de Mendoza conducir ganados y caballos al Rio Negro. No dejo de advertir que el camino de tierra no se podrá transitar sin que sea por un cuerpo de tropas milicianas: pero como esto no se practicaria sino raras veces, no cansaria grande incómodo, quedando el camino del rio conocido para los viages mas repetidos. Este camino de tierra tambien seria importante en caso de ser preciso bajar un socorro de gente al Rio Negro ó Puerto de San José, desde Mendoza y demas ciudades vecinas; pues de no haberlo se veria en la precision de hacer el gran rodeo de venir á buscar las campañas de Buenos Aires.

Esta averiguacion y exámen no se debe hacer en faluas ni pequeñas embarcaciones de quilla, mas sí en canoas, porque encontrando estas obstáculos en el rio, se sirgan con facilidad, pasándolas por encima de los arrecifes, y si encuentran saltos, se descargan y arrastran por tierra hasta vencer las dificultades en donde se vuelve á cargar; lo que no se puede practicar con embarcaciones de quilla. De esta suerte navegan los portugueses por todos los rios del Brasil, sin que les impida ni saltos ni arrecifes. Yo mismo navegué en canoas 324 leguas, desde la ciudad de San Pablo, en el Brasil, hasta la poblacion del Rio Igatimí, bajando por el Rio Tieté, que tiene 30 arrecifes y dos grandes saltos, la mayor parte de aquellos en que es preciso descargar las canoas, y saliendo al rio Paraná, que navegué 80 leguas aguas abajo, subí el rio Igatimí que tiene 16 ó 17 arrecifes, trabajosos de subir, y los mas de descargar las canoas y subirlas á la carga; y en dos meses llegué á aquella poblacion, con ocho canoas cargadas de gente y víveres. Igual tiempo gasté en el regreso á San Pablo, y cuando se quiera adoptar este método, que es el mas propio, lo circunstanciaré con toda claridad.

De abandonarse la poblacion del Rio Negro, se signe el abandonar los medios que nos pueden facilitar el descubrimiento de los terrenos incultos que median entre nuestras poblaciones de Mendoza vecinas á la cordillera de Chile y este establecimiento, por ser incontestable, que por este rio y sus brazos se facilitará con mas comodidad, de que por tierra: ni me hacen fuerza las dificultades halladas por el piloto Villarino en la navegacion del rio; pues así como él lo descubrió hasta el parage donde llegó y dejó de continuar por falta de socorro, ¿porqué no se podrá continuar lo que falta hasta donde sea posible? Ademas, que en semejantes rios hay cierta estacion del año en que corren mas caudalosos, que es el tiempo de las lluvias, y en este rio con mayor razon, en el tiempo en que se derriten las nieves de la cordillera, de la cual necesariamente han de bajar muchos brazos y orígenes que le forman, y escogiéndose esta estacion para la navegacion, se hará la misma con mas facilidad y menos inconvenientes; mas siempre en las embarcaciones que quedan indicadas.

A V.E. he oido reflexionar muchas veces cuanto seria importante al real servicio y en utilidad de los moradores de esta capital, que las guardias que guarnecen la frontera para embarazar las incursiones de los indios Pampas, se avanzasen á mas distancia de la en que se hallan, no solo para desahogo de las estancias de ganados, como para prevenir á que los indios no llegasen con tanta facilidad á los sitios poblados á robar y matar los pobladores. Este proyecto seria muy conveniente poderle poner en práctica, pues vemos la opresion en que está la frontera há tantos años, sin poderse dilatar sus moradores fuera del cordon que forman las guardias.

Por esta misma razon, sobre las que llevo expuestas, me parece importantísima la conservacion del establecimiento del Rio Negro, que dá la mano al de San José, y queda mas próximo de esta capital: así fuera posible formar á lo menos otro en la punta del E de la Sierra del Volcan, que podria ser en el sitio donde los Jesuitas habian dado principio á una reduccion de indios pampas, llamada Nuestra Señora del Pilar, que se abandonó. Sin duda se pondrán muchas objeciones á un tal establecimiento tan separado de la capital; pero es cierto que si no se procura el ir avanzando terreno, siempre nos conservaremos en el mismo estado oprimidos.