Dia 23. A las doce de él, viendo que aun no parecia el expresado capitan Encinas, mandè aprontarse à la gente para marchar de aquel parage; á cuyo tiempo tuve aviso de que ya venia aquel, marchando con la que habia recogido. Como de facto llegó de allí à poco con solos 53 hombres, entre patricios, portugueses y santiagueños: y haciéndome presente el capitan que aquella gente y sus caballos no habian comido en dos dias, les mandé dar racion, con órden de seguirme luego; pues yo en el instante me puse en marcha con la que tenia, hácia el Fuerte de San Carlos, y habiendo llegado al ponerse el sol à la Cañada del Carrizal, (7 leguas de distancia) hice alto para que cenase la gente: lo que practicado, marché à las ocho de aquella noche hasta la Estacada, que dista de este último parage 10 leguas, donde llegamos á las cuatro de la mañana; y á las nueve y media me alcanzò allí la partida, que se habia quedado atras.
Dia 24. En este parage me detuve hasta la una para las dos de la tarde, en que marché y llegué al citado Fuerte de San Carlos, distante 12 leguas, à las nueve y media de la noche.
Dia 25, 26 y 27. Estos los empleè en formar y alistar toda la gente; que hasta entonces mucha parte de ella habia andado desparramada por las estancias circunvecinas, en recoger ganados y caballos. Arreglè hasta diez compañías, cada una de á 60 hombres con sus respectivos oficiales: lo que no me dió poco que hacer, por haberse presentado aquellas tan escasas de gente, que unas solo tenian 10 hombres, otras 7 y alguna 3. Hecho el arreglo y repartidas las listas á cada capitan, se dieron estos y sus subalternos à reconocer á la respectiva gente que debian mandar; que componia el nùmero de 681, inclusives 10 artilleros que manejaban cuatro cañones y tres pedreros de bronce.
Dia 28. Este dia me fué preciso detenerme á esperar los víveres que habia quedado mandarme el Justicia Mayor: de los que por fin llegaron siete cargas solas, de las veintiuna que debian ser: cuyas raciones distribuí á los soldados, por ahorrar el costo de las cabalgaduras de su conduccion, respecto à ser aquellas de bizcocho, tabaco y charque.
Dia 29. A las diez de este dia, sin embargo de no haber llegado lo restante de los víveres, me puse en marcha, y llegué à las tres y media de aquella tarde à lo de Alvarado, distante 7 leguas.
Marzo 1.º Al romper el dia me puse en marcha, y á las once de él llegué à Llaucha, distante 8 leguas.
Dia 2. Salí de este parage, y como a las diez de la mañana llegué á la Ciénaga de los Papagayos, distante tres leguas, donde hice alto para esperar el aviso de la partida que anteriormente habia mandado à las junta de los rios Atuel y Diamante, á bombear el campo del enemigo, por ser el parage preciso de su establecimiento.
Dia 3. En este dia mandè a las òrdenes del reformado D. Melchor
Sanabria, 12 hombres, al Paso de las Salinas, que llaman Orillas del
Diamante, á esperar el correo, llevando órden de mandar los
exploradores de la junta de los rios, acerca de que notasen.
Dia 4. A la una de este, viendo que no habia aviso de uno ni otro de dicho parage, marchè al Arroyo de las Cortaderas, distante 6 leguas, donde llegué à las cuatro y media de la tarde; del que despaché á dicho Sanabria dos hombres al Paso de las Salinas, participándole la nueva determinacion que habia tomado, y el parage à donde me podia salir à encontrar.
Dia 5. En el mismo parage me mantuve todo este dia, esperando a ver si en él venia algun aviso de alguno de los dichos parages.