Añádese á esto lo que cuenta una cautiva, que llevada á muy distantes tierras, hácia el sud-oeste, encontró unas casas, y en ellas gente blanca y rubia; y que estando ella muy alegre, juzgando ser gente española, se le ahogó todo el contento, viendo que no les entendia palabra. Ademas de esto los indios estan continuamente diciendo, que hay tales poblaciones, y muchos de ellos convienen en que, en medio de una gran laguna hay una gran isla, y en ella desde la orilla se vé una gran poblacion, en la cual descuella mucho una casa muy grande, que piensan ser iglesia; y que otra pequeña está siempre echando humo, y que desde la orilla se oyen tocar campanas: y dicen que desde el volcan (de que hablé arriba) á donde dice, mi Provincial "que yo vaya" hay solamente seis dias de camino, al andar de ellos, que es lijero. Estos y otros fundamentos hay para creer que haya dichas poblaciones en este vasto espacio de 400 leguas. Creo que estas noticias estan mezcladas con muchas fabulas, mas habiéndose perdido tantos navios, no puede menos de haber algo de lo que se dice, y que por algo se dijo, pues que no hay mentira que no sea hija de algo. Lo de no entenderse la lengua es muy factible; siendo aquella poblacion del español corregidor, y la otra de la cautiva, de gente olandesa, ó inglesa; que tambien dicen que se han perdido en el Estrecho navios olandeses. La historia de Chile por el padre Ovalle trae algunos naufragios de ellos; y tambien puede ser que algunos españoles con el mucho tiempo, hayan perdido la lengua española, usando la que aprendieron de sus madres indias, con quienes se casaron los primeros. ¿Cuantos hay en el Paraguay, que no saben la lengua española? Y si se conserváran los primeros españoles que se casaron con las indias, sin que ningun europeo fuera allá, no se usára, ni se sabria ya otra lengua que la del indio, y aun con tanta mezcla de europeos, que cada dia van allá, la lengua que comunmente se usa, es la de los indios Guaranís, como en Viscaya la vascongada? ¡Oh cuanto me alegrára que V.S., sin hacer caso de algunos que quieren pasar por críticos y discretos, haciéndose incrédulos á todo, pusiese todo empeño en averiguar este punto, consiguiendo con su eficacia lo que otros no han podido! ¡Cuan deveras le serviria á V.S. en cosa que puede ser de tanto servicio de Dios, y del Rey! De Dios, pues si encontráramos españoles, estos, sin sacerdotes tantos años, estarán con muchos errores en la Fé y las costumbres, como el pueblo de las 400 casas, que dice el clerigo agradecido Ordoñez, que encontró hácia Filipinas, de un navio que habia naufragado 70 años antes, que tenian su cabildo é iglesia, á donde iban á rezar todos los dias de fiesta en lugar de misa, por no tener sacerdotes. Pero cada uno estaba casado con tres ó cuatro indias, diciendo que para multiplicarse, y poderse así defender de los indios enemigos, les era aquello lícito (¡qué de teólogos hace la depravada naturaleza!), y tenian otros varios errores. Sin hablar de la docilidad de los indios para el cristianismo, que en tanta variedad de naciones puede encontrar.
Este descubrimiento se podrá hacer con 300 paisanos de esta gente estanciera, sin gastos reales; llevando cada uno 5 ó 6 caballos, y otras tantas vacas, pues esta gente no gasta pan ni biscocho. Con caballos y vacas todo tienen, y con solo darles pólvora y bala, de 6 á 7 libras de cada cosa, (pues muchos usan lanza) estaba hecho el gasto. Porque acha, barretas, azadas, palas para hacer pozos á falta de agua, empalizadas para defensa de enemigos, &c; todos llevarian de sus casas, y cueros para pasar rios. Si yo, que soy conocido por estas partes, viniera á cada partido, y juntándome cada sargento mayor su gente, les hiciera una exhortacion, animándolos á la empresa, poniéndoles delante los grandes bienes que de ella se seguirian al servicio de Dios, del Rey, y aun el suyo propio, por lo que se podria hallar de preciosidades á trueque de cuentas de vidrio y otros abalorios, como las lograron los que descubrieron á Mégico y al Perú, y en caso de no hallarse esto, que los tendria V.S. muy en la memoria para sus aumentos; y mas si con esto se les leyese un papel en que V.S. les hiciese estas debidas promesas: si esto se hiciese, es factible, que sin mas aparato ni gastos, se conseguiria el intento. El viage deberia hacerse por Setiembre, porque de aquí hasta el rio del Sauce, por el verano, suele haber falta de agua, y aun de pastos. Desde ahí hasta el Estrecho, dicen les indios que en todas partes hay agua y pastos. Habria de durar seis á ocho meses, si se registrára bien todo: y para tantos meses eran menester cinco reses para cada uno, y con cabos que fuesen de empeño (que si no son escogidos, luego se cansarian), todo se conseguiria, y V.S., ademas del prémio que se le guardaria para la otra vida, lo tendria grande del Rey Nuestro Sr. Nosotros acá no buscamos sino la honra y servicio de Dios, de aquel gran Señor, á quien no correspondemos, sino haciendo mucho por Su Magestad, y con solo su honra y gloria estamos contentos.
Si á V.S. no le agrada este proyecto, ó si no tuviere efecto el juntar la gente de este modo, puede V.S. discurrir otro con gastos reales, ó á costa de particulares, que quieran entrar en la empresa. En todo estoy á las órdenes de V.S., que Dios guarde los años de mi deseo.—Estancia de Areco, y Agosto 11 de 1746.—B.L.M. de V.S. su mas afecto servidor y Capellan—
JOSE CARDIEL.
CAPITULO
De una carta del P. Pedro Lozano al P. Juan Alzola, sobre los Césares, que dicen están poblados en el estrecho de Magallanes.
Bien sé que en esta materia no faltan fundamentos que absolverian mi juicio de la nota de temerario; pues aquí me ha dicho el Sr. Rector, que en tu tiempo pasó por Córdoba un flamenco que habia salido de los Césares para Chile, porque habiéndose perdido su navio, fué á dar á aquella tierra, de donde lo llevó D. José Garro á Europa. Otros mozos se perdieron en la vaqueria, y fueron á dar á aquella laguna, en cuya orilla oyeron campanas. El año de 512, salieron, segun creo, por la Concepcion, algunos de dichos Césares, de los cuales uno entró en Chile en la Compañia; y aun en Chile parece se ha tenido por muy cierto que hay dichos Césares; pues aun el venerable padre Antonio Ruiz de Montoya, en un memorial que presentó á Felipe IV, despues de haber estado cuatro años en Madrid, y en el que responde á nueve calumnias contra esta provincia, rebatiendo la segunda, de que los padres ponen mal á los españoles con los indios, en uno de los párrafos en favor de los Padres, dice así:—A los Césares pretendieron conquistar los españoles. Entraron con grandioso aparato por sus tierras; pero escarmentados en los indios de Chile sus vecinos, no quisieron recibir el yugo. Y no hubo allí religioso de la Compañia, que les hablase mal é indujese á no recibir á los que pretendian conquistarles. Tengo en mi poder dicho memorial, que es de 11 hojas de á folio. Y el año de 1673, entró desde Chiloé el venerable padre Nicolas Mascardi, en busca de ellos; pero le martirizaron en el camino, y un papel que habrá 6 años me dió el padre Rillo, dice así:—"El año de 1711, por invierno, cuando está cerrada la Cordillera, salió á la ciudad de Chiloé, que cae de la otra parte de la Cordillera hácia el estrecho de Magallanes, uno de los Césares españoles, quien hizo relacion, de como en un ángulo de la Cordillera, que cae de esta banda, están situadas tres ciudades de españoles, de los navios que se perdieron en dicho estrecho de Magallanes, viniendo á poblar estas Indias en tiempo de Carlos V; que por eso los llaman Césares;" (relacion que dió un español antiguado), las cuales tres ciudades quiso llamar á una, y la mas populosa, los Hoyos, la otra el Muelle, y la tercera los Sauces. Distan segun los cosmógrafos, y por relacion del dicho, 160 leguas de la ciudad de Mendoza, 140 de la de San Juan Luis de Loyola, 190 de la de San Juan, 286 de Buenos Aires. De Chillan ciudad de la otra banda, de la Cordillera 130 leguas, y 10 de Calbuco, lugar de los Aucaes Chilenos. De manera que dichos Césares, segun esta nueva relacion, caen tierra adentro, en el centro de la serrania, distante de la costa de Magallanes lo que dichas ciudades, de la provincia de Cuyo, poco mas ó menos, segun ellas distan de la dicha costa. Por la parte del norte, donde está Mendoza, circunda á dichos Césares una laguna de muchas leguas, la que les sirve de fortificacion y muro contra las invasiones de los indios caribes, como son los Puelches, Muyuluques y otras naciones. Con algunas tienen contratadas embarcaciones, cambiando á los indios mieses, trigos, legumbres, y ropas, por vacas que pasan embarcadas por la laguna. No tienen otro metal que el de la plata, de que gozan en abundancia, y de él fabrican rejas de arado, cuchillos, ollas, &a. Este hombre César salió á una nacion de indios, que llaman, Cumas de Chiloé, y de allí lo dirigieron á dicha ciudad. Salió á pié, que no usan caballos, como las demas naciones de indios de aquellas serranias. Entróse en la compañia de dichos, en la provincia de Chile, y hoy es coadyutor. En este mismo año de 1711, el General D. Juan de Mayorga, vecino de Mendoza, sin tener noticia de la salida de dicho César, por estar cerrada la Cordillera, hizo y juntó gente en dichas tres ciudades de la provincia de Cuyo, por mandado del Gobernador y Presidente de Chile, D. Juan Francisco Uztariz, y entró por el mes de Setiembre de dicho año á descubrir dichos Césares, con una guia española, que los indios habian cautivado en las vaquerias; y habiendo este tenido noticia cierta de los Césares, por haberlos visto de lejos (aunque no se comunicó con ellos, porque los indios lo impedian), huido de su poder, dió esta noticia á dicho General Mayorga, quien pidió licencia á su Presidente para esta entrada. Y habiendo entrado, como llevo dicho, y dado la primera batalla á los indios, en el camino (donde tomó 200 piezas de las familias de los indios, mató hasta 30 indios guerreros, y apresó algunos), se le amotinó la gente española, diciendo, que los iba á entregar á la muerte, y hacerlos despojos de los bárbaros, y con esto se volvió sin efecto. Y habiendo dado tormento á un indio gandul de los apresados, para que confesase lo que sabia de los Césares, dijo, que sabia eran españoles, y que así los llamaban ellos: y por ser de esta parcialidad, que los habia visto, y que siete caciques con siete parcialidades estaban esperando á dicho General y su gente, mas acá de la sierra, para matarle con todos los suyos, debajo de palabra de amistad. Hasta aquí dicho papel, que, como dije, me dió el secretario Rillo, y que parece sea de letra del célebre padre Lezana. Pero sea de quien se fuere, lo cierto es, que, aunque no tan menudo en lo que refiere, discrepa poco en la substancia del de Villaruinas. Y que no se hayan hallado en tanto tiempo los Césares, no es prueba de que no los hay, como no lo fuera de que no habia Canárias, porque no se hubiesen descubierto hasta los años de 1200; ni que no habia Indias, el no haberse descubierto hasta los tiempos de Fernando el Católico; ni que no habia Batuecos, el no haberse descubierto hasta el reynado de Felipe II., y esto estando en el riñon de España. Con todo eso yo no lo creo, solo envié dicho papel, como antes dije á Vuestra Señoria Reverendísima, para que se entretuviese en el viage, para lo cual cualquier patraña sirve; pero esta no deja de tener su apariencia de verdad.
PEDRO LOZANO.
DERROTERO
Desde la ciudad de Buenos Aires hasta la de los Césares, que por otro nombre llaman la Ciudad Encantada, por el P. Tomas Falkner, jesuita. (1760.)