El mismo Pascual, á mediados de este año de 1773, hablando con Gregorio Solis, vecino de esta plaza, le contó la serie de señales que he dicho, mostrandole desde su casa el sitio donde las ponen, y añadió, como que le consultaba, ¿qué prémio le pareceria que le daria nuestro Rey, en el caso de descubrir el camino de la ciudad? Que ya consideraba lo harian rico, y capitan de sus tierras, pero que aquello era conversacion. Esta Solia era hombre de verdad, y muy conocido entre ellos.

El capitanejo Necultripay me comunicó haber estado en varias ocasiones á lo de estos españoles, acompañado de los indios imediatos á los dichos. Le supliqué me llevase una carta, y me respondió no podia, por los motivos de brugeria, que ya dije; y tambien por ser costumbre entre ellos ir acompañados entre aquellos indios, los que si lo entendieran, le quitarian la vida. Pero que si el Gobernador resolvia reconocerlos, iria de guia, y en su defecto á nadie se lo dijese, que él se ofrecia, porque perderia la vida. Noticia que expuse á D. Felix Berroeta, Gobernador de esta, quien la agradeció mucho, y me encargó continuase con toda eficacia la correspondencia con estos indios, ofreciéndome para el fin del descubrimiento, si era necesario, su caudal. Pero con su muerte se frustraron nuestras ideas. Despues de algun tiempo la misma noticia expuse á D. Juan Gartan Gobernador de esta, quien sin examinar las circunstancias, me dijo que todo lo tenia por fábula. En cuanto á las armas, situacion, caudales y vestimenta, coinciden las señales del capitanejo con las precedentes. A los pocos dias me ví con el hijo del citado capitanejo, que me expuso lo mismo que su padre, sin haber estado presente cuando su declaracion.

Contra, indio de respeto entre ellos, me declaró igualmente que los antecedentes, y que no los ha tratado, mas sabe que hay mucha gente, y de valor, que nunca los han vencido, y sabe son los de Osorno.

Cumilaf, él del otro lado del rio Bueno, me aseguró vivia inmediato á los españoles de la laguna, que son acaudalados de plata y ganado; pero pobres en fierro y añil, y que tampoco tiene abalorios, dando las propias señas en situacion, armas y caminos.

Guisieyau, expone lo mismo, y añade ha estado dos veces en aquella ciudad: la una vez entró á comprarles agí con los indios inmediatos, y me mostró un caballo que le habia vendido por un sable, y la marca que tenia está en cifra.

Amotripay y sus hijos lo mismo declararon, sin temor alguno: son indios de respeto entre ellos; viven de la otra parte del rio Bueno..

Lancopaguy, lo mismo, y muy por menor de la situacion, armas caudales y caminos.

Gedacoy, igualmente, añadiendo era mejor camino el de Ranco por ser mas llano, aunque, de mas rios, y todos convienen en esto. Tambien me dijo que la causa de no dar paso los indios por aquel camino, ni admitir conchabados es, porque no vean las ciudades, y tengan noticia por allí de aquellos españoles.

Calfuy da noticia hasta del nombre de los caciques, amigos de los españoles.

Rupayan dá cuenta de la situacion, armas, caudales, y de haber encontrado sal.