llamadle. Don Marrajo,

dándose el parabién de su fortuna,

que le depara, según él concibe,

dos presas en vez de una,

con la mayor frescura y desahogo

fué, en efecto, y llamó. Pero la suerte

se vuelve azar. Despierta airado el Dogo,

se abalanza, le atrapa y le da muerte.

Esta sencilla historia nos advierte

a un tiempo, hija querida,