el otro, abandonado a la ventura,

se finge muerto repentinamente.

El Oso se le acerca lentamente;

mas como este animal, según se cuenta,

de cadáveres nunca se alimenta,

sin ofenderle le registra y toca,

huélele las narices y la boca,

no le siente el aliento

ni el menor movimiento,

y así se fué diciendo sin recelo: