Tarde el Clérigo llegó,

y al querer con mucha prisa

salir a decir su misa,

la alba de un clavo se asió,

y aquí dijo, haciendo salva

a la gente en pronto alarde:

—Señores, no vengo tarde

pues vengo al romper el alba.

(La confesión con el Demonio, jornada 2.ª)