le daban palos a un perro.
—¿Qué será aquello? —decía
el barbero a sus oídos,
como con los alaridos
el perro les aturdía.
Respondió el pastor allí,
viendo que en saberlo escarba:
—Deben de hacerle la barba
de limosna, como a mí.
(Callar siempre es lo mejor, jornada 3.ª, y El redentor cautivo, jornada 2.ª, en colaboración con Sebastián de Villaviciosa.)