y no me dejes mentir.
Esperó el paje ocasión,
y su amo en la primera
de mentir, que en fin ya era
aquella su inclinación,
dijo: —En una casa mía
tengo sala de mil pasos
de largo, y no son escasos.
—¿Y cuántos de ancho tenía?
—preguntó luego un oyente—.