que el mundo gritó absorto: —¡Bravo! ¡Bravo!
Fué el concierto, antes loco,
la maravilla, vive Dios, del arte;
y aunque gruñendo un poco,
cada animal desempeñó su parte;
aprendiendo, en perjuicio de su testa,
que sin buen director no hay buena orquesta.
El concierto de los animales.