LA MANDA DEL SOLDADO
Un soldado de hartos bríos,
muriéndose, así decía:
—Ítem, es voluntad mía
que los camaradas míos
me lleven en mi ataúd;
a quien quiero se les dé
treinta reales, para que
los beban a mi salud.
(Los dos amantes del cielo, jornada 2.ª, escena XVII.)