no soy mudo, hablar no ignoro.

A quien oyéndolo el moro,

de esta suerte respondía:

—Tú fuiste gran mentecato

en fingir aquí el callar;

porque si te oyera hablar,

aún te diera más barato.

(Los dos amantes del cielo, jornada 2.ª, escena XVII.)

APRENDIERA BUEN OFICIO