II

LA LIEBRE Y EL GALLO

Gritó la liebre al gallo: —Anda, medroso.

—Como el Cid —dijo el dueño del serrallo;

mas, viendo no muy lejos a un raposo,

hizo una acción que por medrosa callo.

—Ten —la liebre exclamó—, gran Cid, reposo.

—Pues ¿acaso esto es miedo? —siguió el gallo.

Y al ver que se subía a un parapeto:

—No —le dijo la liebre—, eso es respeto.