a cobrarlas con tal furia,

que para la misma injuria

ejemplo a las otras dió.

—Detente. ¿Qué rabia es ésta?

—dijo la corneja—. Advierte

que sólo por complacerte,

y por venir a tu fiesta

más brillante, las hurté.

Y el águila respondió:

—Necia, ¿por ventura yo