un convento ejemplar, con un prelado,

siervo de Dios perfecto y acabado,

que de ciencia y paciencia era un portento;

por lo cual, uno a uno,

dió en irle a visitar a su convento,

sin qué ni para qué, tanto importuno,

que siempre andaba el pobre atropellado

para cumplir las reglas de su estado.

Era portero de la casa un lego,

catalán o gallego,