de un turbión descomunal.
Cerca de la madrugada
le dijo al Fulano Ayerbe:
—Levántese usted y observe
si huele a tierra mojada.
Saltó Ayerbe de su lecho,
y a tientas de mano y pie,
por ir al balcón, se fué
a la alacena derecho.
Abrió, zampó la cabeza,