Mil avecillas, buscando
sombra densa en el estío,
mil en el invierno, cuando
ya lloviendo, ya nevando,
traspasábalas el frío,
embocáronse en la panza
del caballo, que en venganza
debió decir para sí:
—Renunciad a la esperanza,
pájaros que entráis en mí.