Una gran pasión vino á endulzar los últimos años de su vida, pasión mística que le procuraba goces inefables. Hasta el día en que nació este sentimiento en el misterio de su alma, nunca había mostrado preferencia por ninguno de los clérigos que servían la parroquia; antes bien juzgaba con severidad las de sus compañeras, que eran motivo de rivalidades y discordias entre partidarias del uno ó del otro padre. Pero sucedió que insensiblemente se fué encariñando con uno de ellos que la mimaba mucho y le oía resignado los nimios escrúpulos de su conciencia.
Lo que al principio no fué más que simpatía, llegó á ser amor vehemente, pero sublime de pureza. Toda la ternura de esposa y de madre, reconcentrada en el corazón de la viejecita, brotó de pronto como una fuente impetuosa, inundándola de felicidad. Aquel hombre, que para ella no lo era, fué objeto de una adoración sin límites y reverenciado casi como un dios. Tía Juana conoció los más ideales refinamientos del amor místico, y en alas de la pasión se remontó á un mundo superior, todo poblado de visiones encantadoras. Su aspecto, su ademán, todo en ella denunciaba la completa enajenación del ánimo, y su mirada se perdía en dulcísimas lejanías, llenas de ensueños peregrinos. En un ser concentró todos sus anhelos, todas las vagas aspiraciones de su alma candorosa y primitiva, complaciéndose en adornarlo con las perfecciones y bellezas que en la suya propia se anidaban. Poco á poco fué alcanzando á un estado de arrobamiento vecino del éxtasis, y cuando recibía la sagrada comunión de manos de su adorado, se anonadaba en un nirvana deleitoso,[{188-1}] que no podría compararse con ninguno de los placeres accesibles á los comunes mortales.
Era divertido verla seguir con mirada atenta y solícita las vueltas que el padre daba dentro de la iglesia, para acudir á la menor señal de que sus servicios eran necesarios. Permanecía largas horas arrodajada en un tapiz, herencia de mi tía, esperando que terminase la confesión de los fieles, porque ella siempre se quedaba de última, para tener tiempo de escudriñar los más ocultos repliegues de su conciencia, en busca de algún pecadillo olvidado que poder[{188-2}] llevar al tribunal de la penitencia; y es dable sospechar que más de una vez le suministré yo el deseado pretexto. Otros ratos felices eran las tertulias en la sacristía. Disimulada en un rincón, con el rebozo echado por la cabeza, gozaba oyendo el discreteo del padre con las beatas de importancia. Cuando éste predicaba, era todavía mayor el placer; y aunque las más de las veces no entendía los complicados conceptos de la plática, el eco de la voz amada era suficiente para llenarla de placer.
Tía Juana era demasiado creyente para tener miedo á la muerte. Al llegarle su turno la esperó con serenidad, que luego se trocó en alegría en el momento de entrar el viático. Por última vez vió al padre con sus ojos mortales ya empañados; y cuando éste salió, después de darle el supremo consuelo de la Religión, no quiso abrirlos más y expiró con la sonrisa en los labios.
Footnotes to Un Alma:
[Q] Entregados llamamos en Costa Rica á los niños del pueblo que por cualquier motivo confían las autoridades á familias respetables, para que los eduquen, mantengan y vistan basta su mayor edad, á trueque de los servicios que prestan en la casa. La entrega, que antes era muy frecuente, es rara hoy en día.
[R] Especie de arca muy grande de madera, que servía antiguamente para guardar víveres.
[S] Ahora mismo lo tienes que declarar, ó eres Cristiano ó eres judío.
JUAN NEIRA
Por Don Joaquin Diaz Garces[{190-1}] ("Ánjel Pino")