El resultado de los manifiestos al público es contraproducente, ó cuando menos nulo, en estos dos principales casos: primero, cuando el manifestante no tiene razón ó el público no quiere que la tenga; y segundo, cuando el manifestante tiene malas explicaderas, ó el público tiene entendederas no mejores.
De esto último había un poco en el tío Traga-santos y en los de Cabezudo, Barbaruelo y Animalejos, y así se explica el que[{110-1}] el manifiesto del primero causase efecto contraproducente en los segundos.....
El tío Traga-santos, viendo que su manifiesto, lejos de hacer entrar en razón á aquellos á quienes se dirigía, los había irritado hasta el punto de que se temía de ellos alguna barbaridad, acudió al Párroco en demanda de consejo.
—Tío Traga-santos—le dijo el Párroco,—no debe usted extrañar que su manifiesto del ten-con-ten no haya producido el efecto que usted se propuso, porque ni yo mismo he podido entender lo que usted quería decir en él.
—Mire usted, señor Cura, lo que yo quería decir era que es imposible que llueva á gusto de todos, y que lo más que yo pude hacer fué pedir á San Isidro que intercediese con Dios para que lloviese como más conviniese á todos.
—Pues oiga usted, tío Traga-santos, lo que pasó en Madrid entre D. Juan Nicasio Gallego, que era un gran maestro en materia de poesía, y D. Mariano Luis de Larra,[{110-2}] que todavía era aprendiz. Larra compuso unos versos que le parecían muy buenos, como á todos los principiantes les parecen los suyos, y se los dió á Gallego, á quien le parecieron muy malos, como á todos los maestros les parecen los que lo son.
—Marianito—dijo el maestro,—no entiendo lo que usted ha querido decir aquí.
—Señor D. Juan—contestó el aprendiz,—lo que yo he querido decir ahí es esto, y esto, y esto.
—Pero ¡canario!—exclamó D. Juan;—Marianito, ¿por qué no lo ha dicho usted, hombre?
—Entiendo muy bien, señor Cura, lo que usted quiere darme á entender con ese cuento, ó lo que sea; pero como ya á lo hecho pecho, quisiera saber si le parece á usted bien que fíe sólo mi justificación y defensa á la misericordia de Dios, procurando alcanzarla por la intercesión del glorioso San Isidro.