"Dígote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que ansí me sepa."
"Pues pruebe, señor, y verá qué tal está."
Póngole en las uñas la otra, y tres o cuatro raciones de pan, de lo más blanco. Y asentóseme al lado y comienza a comer como aquel que lo había gana, royendo cada huesecillo de aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.
"Con almodrote, decía, es este singular manjar."
"Con mejor salsa lo comes tú", respondí yo paso.
"Por Dios, que me ha sabido como si hoy no hobiera comido bocado."
"¡Ansí me vengan los buenos años como es ello!", dije yo entre mí.
Pidióme di jarro del agua y díselo como lo había traído. Es señal que, pues no le faltaba el agua, que no le había a mi amo sobrado la comida. Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como la noche pasada.
Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos ocho o diez días, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado a papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro una cabeza de lobo.
Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que, escapando de los amos ruines que había tenido y buscando mejoría, viniese a topar con quien, no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de mantener. Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más. Y antes le había lástima que enemistad. Y muchas veces, por llevar a la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba mal.