Del solitario monte me agradaba;

Por ti la verde yerba, el fresco viento,

El blanco lirio y colorada rosa

Y dulce primavera deseaba.

¡Ay, cuánto me engañaba!

¡Ay, cuán diferente era

Y cuán de otra manera

Lo que en tu falso pecho se escondía!

Bien claro con su voz me lo decía

La siniestra corneja, repitiendo