su ley oculta y misteriosa infringe.

En la lumbre del sol sus alas quema,

y no aclara el problema,

ni penetra el enigma de la Esfinge.

¡Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto

que tu poder no ha muerto!

Salva a esta sociedad desventurada,

que bajo el peso de su orgullo mismo

rueda al profundo abismo

acaso más enferma que culpada.