Esperando la mano de nieve

Que sabe arrancarla!

¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio

Así duerme en el fondo del alma,

Y una voz, como Lázaro, espera

Que le diga: «¡Levántate y anda!»

96.

Cerraron sus ojos

Que aún tenía abiertos;

Taparon su cara