¿Cuál es el cuello que como en cadena

De tus hermosos brazos anudaste?

No hay corazón que baste,

Aunque fuese de piedra,

Viendo mi amada hiedra,

De mí arrancada, en otro muro asida,

Y mi parra en otro olmo entretejida,

Que no se esté con llanto deshaciendo

Hasta acabar la vida.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.