¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo
La sublime bondad de vuestro rostro,
Mi alma a los trances de la vida templo,
Y ante esa imagen para orar me postro,
Cual me postro en el templo.
XII
Cada arruga que surca ese semblante
Es del trabajo la profunda huella,
O fue un dolor de vuestro pecho amante.
La historia fiel de una época distante