La mala yerba al trigo ahoga, y nace

En lugar suyo la infelice avena;

La tierra, que de buena

Gana nos producía

Flores con que solía

Quitar en solo vellas mil enojos,

Produce agora en cambio estos abrojos,

Ya de rigor de espinas intratable;

Y yo hago con mis ojos

Crecer, llorando, el fruto miserable.