Hizo de sí la gente

No tan maravillada

Cuanto de aquella ingratitud vengada.

No quieras tú, señora,

De Némesis airada las saetas

Probar, por Dios, agora;

Baste que tus perfetas

Obras y hermosura a los poetas

Den inmortal materia,

Sin que también en verso lamentable