De todo apenas quedan las señales.

Del gimnasio y las termas regaladas

Leves vuelan cenizas desdichadas;

Las torres que desprecio al aire fueron

A su gran pesadumbre se rindieron.

Este despedazado anfiteatro,

Impío honor de los dioses, cuya afrenta

Publica el amarillo jaramago,

Ya reducido a trágico teatro,

¡Oh fábula del tiempo! representa